Toronja rosada en almíbar
Pulpa de toronja rosada (variedad “ruby”) macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción —la base para un ade de toronja o para servir sobre hielo con agua con gas.
Pulpa de toronja rosada (variedad “ruby”) macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción —la base para un ade de toronja o para servir sobre hielo con agua con gas.
Vino blanco con jarabe de naranja y hierba luisa, fruta fresca y romero, macerado en la refrigeradora —para compartir en una reunión en casa.
Mango en almíbar con leche de coco, limón y ron —sin piña, a pesar del nombre; se puede armar sin alcohol quitando el ron.
Fresa en almíbar casera, aligerada con agua con gas —una bebida burbujeante y apenas dulce, con la fresa como protagonista.
Cubos de jalea hecha con jugo y agar agar, para darle textura masticable a una bebida fría —el color y el sabor cambian según el jugo que uses.
Hielo hecho con leche, en vez de agua, en 4 versiones —de leche condensada, de yogur, de matcha y de maní— para que el hielo de un bingsu o una bebida fría aporte sabor, no solo frío.
Yogur hecho en casa a partir de leche fresca y un yogur con cultivo vivo como iniciador —la base para bebidas de yogur y para el hielo de bingsu.
Infusión fría de hinojo y menta con almíbar de toronja, servida con hielo —una manera más fácil de tomar hinojo, que solo casi nadie disfruta.
Matcha con leche, endulzado con azuki en vez de azúcar sola —la versión fría se siente como un bingsu de té verde, la caliente como una mazamorra de té verde y azuki.
Café handdrip bien cargado, con una crema suave batida encima sin mezclar —en versión caliente o fría, con base de café de goteo.
Un doble shot de espresso con la misma cantidad de leche vaporizada —el café que los baristas se preparan para probar el sabor del grano del día.
Café dutch con jarabe de achicoria y leche, dejado madurar en la refrigeradora antes de tomar —dulce, tostado y con una suavidad que solo da el café dutch como base.
Pan grueso remojado en yema de huevo y crema, sellado en mantequilla y cubierto con una capa de caramelo —crocante por fuera, húmedo por dentro.
La técnica base para hervir pechuga de pollo jugosa, pensada para guardar y usar durante la semana en ensaladas o sándwiches.
Galleta grande cargada de trozos de chocolate oscuro, con tres azúcares distintas en la masa —borde crocante, centro húmedo.
Crumble crocante con un toque de mantequilla de maní —pensado como topping para hornear encima de un scone u otro postre.
El financier básico, con brown butter en vez de mantequilla normal —crocante recién horneado, y más húmedo y con más aroma cada día que pasa.
Galleta francesa de mantequilla, con ron y vainilla, bien crocante por fuera y tierna por dentro —tradicional de Bretaña.
Helado clásico de vainilla con base de crema inglesa, hecho con máquina para helados —con método manual alternativo incluido.
Queque tipo pound cake, con masa de vainilla y de chocolate en capas alternadas, bañado en un glaseado de chocolate con almendra.
El scone clásico de mantequilla, con un interior tierno y capas bien definidas —ideal con clotted cream y mermelada.
Té earl grey concentrado, endulzado y con ralladura de limón —para un iced tea rápido en verano, o para bañar un waffle o panqueque.
Tartaletas de masa sucrée horneada a blanco, rellenas de crema de mantequilla de limón —base crocante, relleno firme y ácido suave.
Torta en capas con zanahoria y pecana en la masa, y un frosting de queso crema —sabor denso y húmedo, sin que sepa a zanahoria.
Una sopa cremosa de zanahoria, apio y cebolla salteados en grasa de tocino, licuada con caldo de pollo, leche y crema — con el tocino dorado de vuelta encima como toque crocante.
Crema pastelera aligerada con crema chantilly batida —el relleno clásico para armar el crepe cake básico.
Capas finas de crepe apiladas con crema diplomática —el crepe cake base para adaptar con otras cremas o frutas.
Té earl grey frío endulzado con almíbar de toronja rosada casero —el tipo de bebida de cafetería de especialidad, hecha en casa.
Galletas redonditas de mantequilla, en tres colores y sabores (natural, chocolate y té verde), horneadas en la waflera sin necesidad de horno.
Fresa machacada con miel y vodka, servida sobre hielo picado con menta fresca — un trago con alcohol suavizado por el dulzor de la fruta.
El waffle de Lieja de siempre, con masa fermentada con levadura — esponjoso y masticable por dentro, dorado y crocante por fuera.
Queso crema con pepino y cebolla china bien escurridos — fresca y crocante, para pan o galletas.
El pesto genovés clásico, hecho desde cero con albahaca fresca, piñones y parmesano — sin los rellenos de las versiones de frasco.
Baguette tostada con ricotta, arúgula y fresa fresca — un piqueo liviano y fresco, con una parte dulce y otra ligeramente amarga.
El clásico de la ensalada César — anchoa, mostaza dijon y parmesano, con el umami como protagonista.
Champiñón bien dorado, con textura firme, más varias legumbres y vegetales — un bowl completo y alto en proteína.
El más simple de la sección — vinagre balsámico, limón y cebolla, sin aceite, para cuando buscas algo bien ácido y ligero.
El feta griego suaviza su sabor salado al mezclarse con yogur y miel — el clásico perfil de sabor mediterráneo, en formato aderezo.
Manzana con cáscara, zanahoria crocante y frutos secos —una guarnición ligera, estilo ensalada al vinagre, lista en 10 minutos.
Guacamole con ingredientes fáciles de conseguir, más una salsa de piña fresca, servidos en pan pita tostado — sándwich y ensalada en un solo plato.
Papa cocida y machacada, con zanahoria, pepino, huevo y mayonesa — un clásico casero, perfecto con pan para un plato completo.
El poke hawaiano con un toque picante — funciona como ensalada o como relleno de sándwich, sobre una base de avena en vez de arroz.
Fruta dulce en cubos con un toque picante de ají, servida alrededor de una burrata entera —para compartir con pan o de piqueo con vino.
Ácido, ligeramente picante por la mostaza, y con el cuerpo cremoso del yogur — bueno para ensaladas de vegetales duros como repollo o betarraga.
El clásico bistró francés (carottes râpées) — zanahoria curada en vinagre y aliñada con mostaza a la antigua, limón y bastante aceite de oliva.
Un aderezo clásico de mostaza, ajo y hierbas sobre base de aceite de oliva — para ensaladas de vegetales de sabor suave o pasta fría.
El más peruano de esta sección — pasta de ají amarillo, vinagre y miel, con un toque opcional de aceite de ajonjolí.
Un aderezo salado y tostado con sillao, ajo y ajonjolí molido sobre base de aceite de sacha inchi — el más versátil de esta sección.
Naranja licuada con cebolla y vinagre de manzana — un aderezo espeso y afrutado, distinto a cualquier otro de esta guía.
El más clásico de esta sección — sillao, vinagre de arroz, mostaza y ajonjolí, pensado para ensaladas de todos los días.
Pechuga de pollo, pimiento y cebolla salteados en mantequilla con una salsa cremosa de queso gouda o edam — con la opción de aligerarla con leche evaporada en vez de crema de leche.
El más básico de esta sección — agua, limón y mantequilla de maní, ligero y fácil de ajustar según lo espeso que lo quieras.
Vino tinto hervido con manzana, naranja, limón y especias —el vin chaud francés, o glühwein alemán, para el invierno.
Piña y limón en almíbar con menta machacada, ron y agua tónica, con el borde del vaso escarchado en azúcar y ralladura de limón.
Hielo de leche condensada rallado bien fino, con cereza fresca y cereza en almíbar por encima —el bingsu clásico, con cereza como protagonista.
Yogur casero con granola, miel y frutos secos, decorado con cereza y flores comestibles —un yogur para tomar como comida, no solo como bebida.
Jarabe verde hecho con melón coquito real, colado hasta quedar liso —la base para un soda de melón u otras bebidas que necesiten ese color y sabor.
Jugo de naranja infusionado con romero, con un toque de jarabe de rosas —para cuando el jugo de naranja de siempre ya cansa.
Infusión de flor de jamaica con agua con gas, sin nada de azúcar —el color rojo intenso de la jamaica es todo el protagonismo que necesita.
Leche de matcha con una bocha de helado de vainilla flotando encima —a medida que se derrite, la bebida se va poniendo más cargada y dulce.
Té Assam bien cargado, endulzado con panela en vez de azúcar blanca —al principio el dulzor sorprende, pero después de un par de sorbos se siente más suave que un americano con sirope.
Espresso con sirope de chocolate, leche y una crema suave sin batir del todo —capas que se toman por separado, inclinando el vaso, en vez de mezclarlas.
Handdrip extraído sobre una rodaja de naranja seca, con jarabe de vainilla de por medio para balancear el aroma cítrico —café de goteo con perfume, sin tapar el café.
Café dutch con una espuma de leche y jarabe de vainilla batida aparte —ni muy dulce ni muy cargado de café, una bebida suave como una nube, buena para quienes son sensibles a la cafeína.
Bocados de pechuga marinados en kion y sillao, fritos dos veces para que queden bien crocantes por fuera y jugosos por dentro.
Apio y kiwi cocidos con azúcar y limón —una mermelada fresca y aromática, distinta a cualquier otra de esta sección.
Variante de la galleta clásica con cacao Valrhona en la masa y dos chocolates distintos —sabor a chocolate mucho más intenso.
Crumble crocante con mantequilla de maní y azúcar rubia —topping para hornear encima de un cheesecake u otro postre.
El financier básico, con sirope de maple en la masa y pecana caramelizada encima —interior tierno, topping crocante.
Galletas suaves por dentro y ligeramente crocantes por fuera, con coco rallado —dulzor discreto, sin que el coco sea abrumador.
Helado rosado con puré casero de fresa, sobre una base de crema inglesa —hecho con máquina para helados.
Queque tipo pound cake, húmedo gracias a la crema agria, bañado en un glaseado ácido de limón —ideal para el verano.
El sabor de los caramelos de mantequilla de toda la vida, en versión salsa —fácil de hacer, con solo cuatro ingredientes.
Scone salado con tomate cherry salteado, queso colby jack y albahaca fresca —para un brunch distinto, bueno con sopa o café.
Tarta de masa de pistacho, rellena de crema de pistacho y almendra horneada, con mermelada de frambuesa, ganache de pistacho montada y frambuesas frescas.
Bizcocho genovés simple, calado en sirope de leche y relleno de crema de mascarpone —sencilla, pero difícil de dejar de comer.
Toronja rosada en almíbar, aligerada con agua con gas y decorada con menta —el ade que sale directo de un frasco de almíbar ya preparado.
Una sopa cremosa espesada con un roux de mantequilla y harina, con queso cheddar y parmesano derretidos — usa un brócoli entero sin desperdiciar nada.
Crema chantilly aligerada con yogur natural —más ácida y menos dulce que una chantilly normal, para rellenos frescos.
Una variante del mojito clásico con romero en vez de menta, vodka en vez de ron, y agua con gas para aligerarlo.
Panqueques esponjosos con crema para repostería en la masa, cubiertos con chantilly y fresa fresca.
El scone inglés de siempre, con el sello de la parrilla de waffle en vez de la forma clásica horneada al horno —textura distinta, mismo sabor sencillo.
El waffle de Lieja de siempre, versión salada —con aceite de oliva extra virgen en vez de mantequilla y aceituna negra picada en la masa, suficiente como para comer solo.
Pan de aceitunas tostado con mozzarella fresca, tomate y albahaca — la versión sándwich de la ensalada caprese italiana.
Queso crema batido con nuez, miel de maple y arándano deshidratado — la versión dulce de esta sección, para pan o bagels.
La pasta salada del sur de Francia, con aceituna negra y verde, alcaparras, anchoa y tomate — para untar en pan o acompañar quesos.
Pera en cubos, rabanito y almendra, con un aderezo de fruta —una guarnición fresca y ligeramente dulce.
Albahaca, orégano y tomillo sobre una base ácida de balsámico y ajo — el perfil de sabor de una vinagreta italiana clásica.
La nuez picada suma textura al sabor intenso del gorgonzola — bueno para ensaladas con vegetales de sabor suave que necesitan carácter.
El picante directo de la sriracha, suavizado por la mayonesa — bueno como dip de frituras o para darle vida a una ensalada simple.
Tomate fresco pelado y marinado en aceite de oliva, hierbas y vinagre — el tomate absorbe el aderezo y su dulzor y acidez se sienten aún más.
Rodajas de tomate con arveja, cebolla roja y farfalle, en capas sobre un plato —ligera y fresca, buena de piqueo con algo frío.
Papa, brócoli, zanahoria y arveja asados en la misma sartén — una ensalada colorida, con formas distintas en cada bocado.
Un bowl abundante para comer a cucharadas, con vegetales que tengas a mano, quinua y “soboro” de tofu salteado con ajo y ajonjolí.
El más simple de la sección — yogur, limón, mostaza a la antigua y miel, con un toque de perejil seco.
Un aderezo fresco con cebolla, culantro y ají limo picados —con la textura de una salsa criolla, no de una vinagreta emulsionada.
Un aderezo con más picante, ajo y sillao sobre base de aceite de sacha inchi — para cuando buscas algo con más carácter.
Kion y ají panca le dan a este aderezo un picor aromático distinto —pensado para pollo, pescado o vegetales salteados.
Kiwi licuado con limón — un aderezo verde, ácido y con más vitamina C que la mayoría de esta guía.
Pollo, cebolla y pimiento salteados en aceite de oliva con salsa de tomate y pasta corta, gratinados con queso gouda o edam al horno o en la freidora de aire.
Sriracha y sillao le suman picante y umami a la mantequilla de maní — pensado para pollo, tofu o fideos fríos.
Picante directo, sin vueltas — sriracha y bastante ajo, con menos calorías que la mayoría de aderezos de esta guía.
Limón en almíbar con pepino machacado, ron y agua tónica, con cintas de pepino y flores comestibles de decoración.
El vino caliente especiado recalentado y servido en taza, con canela, anís estrella y berries congelados de decoración.
Uva verde y limón en almíbar con una infusión de menta, servido sobre hielo con uva y limón frescos.
Hielo de leche condensada rallado, con toronja en almíbar y gajos de toronja fresca —el toque amargo de la fruta se equilibra con el dulzor de la leche condensada.
Limón entero licuado con cáscara, hervido en almíbar —el calor suaviza la acidez fuerte del limón crudo, dejando un jarabe más redondo.
Bebida isotónica con hierba luisa y limón machacado —para después de hacer ejercicio o en días de mucho calor, cuando hace falta algo más que agua.
Leche fría sobre puré de mango, en capas, servida en botella —simple de armar y vistosa gracias al degradé de color.
Té negro frío y limonada, mitad y mitad —el ice tea que tomaba el golfista Arnold Palmer, de ahí que también se le conozca por su nombre.
Kiwi licuado con matcha, con el tanino del té equilibrando el cuerpo de la fruta —una combinación que le gusta a cualquiera.
Espresso y leche sobre mermelada de naranja, como si tomaras un chocolate con naranja en versión líquida —mezcla bien antes de tomarlo, junto con la mermelada del fondo.
Café handdrip vertido despacio sobre una leche endulzada con panela, para que se formen dos capas bien definidas en el vaso —el azúcar sin refinar resalta el sabor del café.
Café dutch con jarabe de toffee nut y leche, coronado con nibs de cacao o frutos secos picados —una versión suave y dulce, con base de café dutch en vez de espresso.
Bocados de pechuga fritos estilo karaage, bañados en un glaseado de soya y mirin, con mayonesa encima —para servir sobre arroz.
Camote hervido, aplastado y reducido con azúcar y miel hasta quedar en pasta —un dulzor sencillo, casi como comer camote asado.
Galleta con chips de chocolate sabor café y nuez tostada —el amargor del café resalta el dulzor del chocolate.
Crumble crocante con harina de almendra —topping para hornear encima de una torta u otro postre.
Financier salado-dulce, con queso cheddar y parmesano en la masa y un crumble de queso crocante encima —difícil de parar de comer.
Galletas con salsa de caramelo salado casera y avellana y pecana crocantes —vistosas, y menos dulces de lo que parecen.
Helado intenso de chocolate, con cacao en polvo y chocolate de cobertura bitter derretido —hecho con máquina para helados.
Un solo ingrediente —crema para batir— se convierte en mantequilla fresca y buttermilk (el líquido que sobra) con solo procesarlo de más.
Queque tipo pound cake, húmedo gracias al caramelo salado en la masa, bañado en más caramelo con avellana y pecana tostadas.
Scone de mantequilla con un centro de mermelada de frambuesa, rodeado de crumble crocante —vistoso, con poco margen para el error.
Tarta clásica de masa sucrée con crema de almendra horneada y cerezas frescas —sin crema por encima, buena para regalar.
Torta rústica sin cubrir del todo, con mermelada de frambuesa y crema de mantequilla merengue suiza —vistosa, buena para llevar de picnic.
Cubos de gelatina de kiwi verde y kiwi gold, servidos con agua con gas y romero —una versión con textura masticable del ade clásico.
Crema ácida y dulce a la vez, cocida a baño maría con ralladura y jugo de limón —el relleno clásico para untar en scones, pero también combina muy bien con waffles y panqueques.
Panqueques con concentrado casero de maracuyá y arándanos —cítrico y ácido, ricos incluso solo con mantequilla.
Papa sancochada convertida en un puré casi como mousse, aligerado con leche hasta quedar en sopa, con baguette tostada con salsa de ajo y miel como acompañamiento.
El waffle holandés de Gouda, delgado y crocante, con un relleno de caramelo de canela entre dos capas —distinto a cualquier otro waffle de esta guía.
La misma masa fermentada del waffle de Lieja, rellena con un puré dulce de camote morado —vistoso por dentro y con más fibra que un waffle simple.
Queso crema con cebolla, eneldo, mayonesa y un toque de miel — el untable más versátil de esta sección.
Croissant relleno de jamón, cheddar y huevo revuelto con cebolla caramelizada — un desayuno contundente, rápido de armar.
Un chili con frijoles espeso, con ají, comino y orégano — para nachos, hot dogs o como base de un chili con carne.
Pan de centeno con zanahoria macerada estilo carottes râpées, cebolla y kale — un sándwich abierto fresco y agridulce.
El más dulce de la sección — vinagre balsámico y miel, bueno para ensaladas con fruta o vegetales de sabor amargo.
La ensalada de fruta con mayonesa de toda la vida, ahora con un aderezo de yogur — funciona con cualquier fruta que tengas a medio usar en la refrigeradora.
Ácido y con el punch de umami del parmesano rallado — un aderezo de sabor neutro y versátil, bueno para casi cualquier ensalada.
Pepino machacado con el filo del cuchillo, no cortado —así absorbe mejor el aderezo. Con zanahoria y cebolla china.
Hummus casero con vegetales asados, queso feta y pan pita — un plato mediterráneo abundante, para comer a cucharadas.
Avena, tofu y vegetales dorados en sartén, más vegetales frescos — un poke abundante y sin ningún producto animal.
Cebolla y perejil frescos sobre una base de mayonesa — el aderezo favorito para papas fritas y vegetales crudos.
Tomate en cubos con bocconcini y arúgula —simple, fresca y lista en 10 minutos, buena de piqueo con algo espumante.
La versión de salsa griega clásica de esta sección — yogur griego, pepino, eneldo y ajo, la base perfecta para carnes a la parrilla o pan pita.
Ajo, romero y tomillo sobre una base de aceite de oliva y limón —un aderezo aromático, pensado para acompañar carnes o vegetales al horno.
Mayonesa, miel y aceite de oliva le dan a este aderezo la textura más suave y untuosa de toda la sección.
Pollo, cebolla y pimiento salteados en aceite de oliva con salsa de tomate, servidos sobre espagueti y rematados con queso gouda o edam recién rallado.
Un aderezo agridulce con maracuyá y ajo sobre base de aceite de sacha inchi — pensado para ensaladas con fruta o vegetales de sabor suave.
Un concentrado casero de maracuyá con mostaza a la antigua — el más duradero de esta sección, dura hasta 10 días.
La versión agridulce de esta sección — sillao, limón y un concentrado casero de maracuyá, pensado para pescado y mariscos.
Limón, anchoa y ají limo en el equilibrio agridulce-picante típico de la cocina tailandesa — pensado para ensaladas frescas.
Jugo de sandía licuado con menta, lima y pepino, con ron opcional —refrescante, con o sin alcohol.
Granada en almíbar con una infusión de manzanilla y flor de jamaica, servido sobre hielo con limón y hierbas.
El vino caliente especiado servido frío, con hielo, rodajas de limón y berries congelados.
Hielo de leche y mantequilla de maní, con jarabe de caramelo y maní molido —tres sabores que no calzan del todo solos, pero el caramelo los equilibra.
Jengibre picado, macerado 3 días en azúcar y recién después hervido —la base clásica para un ginger ale casero.
Ade color esmeralda, con jarabe de curazao azul y un toque de cúrcuma, coronado con una crema de coco que simula la espuma de las olas —una signature bien veraniega.
Jugo de manzana con jarabe de curazao azul y toronjil machacado, frío —el color turquesa recuerda al mar, y el toronjil le da un punto aromático al jugo de manzana simple.
Milkshake hecho con papa sancochada, coronado con más papa y un toque de pimienta —una combinación rara en el papel, pero que funciona mejor de lo que parece.
Milk tea bien cargado, reforzado con una base concentrada de té y azúcar —para cuando un milk tea normal se queda corto.
Té verde en hoja, mezclado con uva moscatel rallada en vez de una bolsita ya saborizada —el mismo perfume floral y dulce, pero con la fruta real.
Café handdrip bien cargado, con jarabe de avellana para sumar un aroma tostado y dulce —en versión caliente o fría, ajustando la cantidad de jarabe según la temperatura.
Café dutch vertido sobre agua tónica bien fría —una bebida que se siente más como un cóctel que como un café, perfecta para pleno verano.
Espresso vertido despacio sobre agua con sal y azúcar disueltas, coronado con una crema suave —mezcla bien antes de tomarlo para sentir el contraste dulce y salado.
Bocados de pechuga fritos estilo karaage, salteados en una salsa picante y dulce de ketchup, ajo y kion —inspirada en el ebi chili, pero con pollo.
Crumble de almendra y muscovado, hecho a mano —el topping crocante que corona las galletas estilo Nueva York.
Galleta de chocolate con avellana tostada entera encima —el crocante de la avellana contrasta con el centro húmedo.
Arándanos enteros cocidos con azúcar y jarabe de agave, menos dulce que una mermelada normal —es un componente para acompañar otra receta. Para comer sola, ver la mermelada de arándanos clásica.
Galleta italiana horneada dos veces, con café y cacao en la masa y almendra en láminas —crocante y con un mordisco bien seco.
Mantequilla cocida hasta dorar los sólidos lácteos, con aroma a nuez tostada —la técnica es lo importante, más que la receta en sí.
Financier con pasta de castaña en la masa y castaña confitada encima —un postre de otoño con un toque crocante al morder.
Helado de matcha, con base de crema inglesa —hecho con máquina para helados, ideal para acompañar waffles o panqueques.
Queque tipo pound cake con las motitas de una vaina de vainilla de verdad, bañado en un glaseado blanco —mejora cada día que pasa.
Scone crocante por fuera, húmedo por dentro gracias a una compota de manzana mezclada en la masa, con un aroma suave a canela.
Tarta de masa sucrée con relleno horneado de chocolate y queso crema, cubierta de crema de queso batida y chocolate rallado.
Torta tipo bundt, con plátano y pecana en la masa y un toque de canela, bañada en frosting de queso crema —proceso sencillo.
Crepe relleno con crema chantilly de yogur y compota de arándanos —ácido y fresco, doblado en cuadrado.
Pan de waffle en vez de pan de molde, relleno de jamón, tomate, queso y hojas verdes —un club sandwich con más textura que el clásico.
La masa fermentada del waffle de Lieja, con el aroma cítrico de la cáscara de limón confitada y el mordisco dulce de las pasas sultanas —rico incluso sin sirope.
La salsa blanca clásica francesa, con mantequilla, harina y leche — base de gratinados, lasañas y croquetas.
Baguette tostada dividida en tres, con tapenade de aceituna, tomate seco y pesto de albahaca lado a lado en cada tajada.
El clásico de tocino, tomate y lechuga, con una salsa de mayonesa, mostaza a la antigua y miel — armado en varias capas.
Queso crema con cebolla china y cebolla, la versión más simple y aliácea de esta sección.
Ácido y con el toque picante de la mostaza a la antigua, sin aceite — pensado para no oscurecer el plato.
Bolsillos de pan pita rellenos de pollo, tofu y brócoli desmenuzados — estilo finger food, fáciles de comer de un bocado y buenos para lonchera.
Brócoli apenas blanqueado, con un aderezo espeso y frutos secos picados —la forma más simple de variar el brócoli de siempre.
Col morada crujiente con gajos de naranja, uva y bocconcini —el contraste amargo-dulce clásico de una ensalada de piqueo, con ingredientes que sí se consiguen en Lima.
Más espeso y untuoso que el resto de la sección, gracias a la mayonesa y el queso azul — bueno como dip o para ensaladas con vegetales crocantes.
Más cremoso que el aderezo de miel y mostaza clásico, gracias a la mayonesa — dulce, ácido y con cuerpo.
La ensalada de pan italiana — cubos de baguette tostados que absorben el aderezo, con pepino, tomate cherry, huevo y queso rallado.
El sabor fresco del aderezo, la pechuga de pollo dorada y el dulzor suave del zapallo, todos en un mismo bowl.
Más espeso y con más cuerpo que el resto de la sección, gracias al yogur griego — bueno como dip o para ensaladas que necesitan un aderezo que no se escurra.
El más simple de esta sección — solo limón, miel, sal, pimienta y aceite de oliva, para cuando quieres que el sabor de la ensalada hable por sí solo.
Doble dosis de ajonjolí —en semilla molida y en aceite— sobre una base ligera de sillao y vinagre de arroz.
Sriracha, ají limo y ajonjolí sobre una base de vinagre —el más picante de esta sección.
El más rápido y concentrado de esta sección — mantequilla de maní, sillao y ajonjolí, con el menor rendimiento pero el sabor más intenso.
Un pesto con alga nori, anchoas y frutos secos sobre base de aceite de sacha inchi — el más elaborado de esta sección, pensado para pasta o arroz.
La clásica salsa huancaína peruana —ají amarillo, queso, leche evaporada y galletas de soda licuados— servida sobre espagueti con pechuga de pollo sazonada y sellada encima.
El más rápido de toda la guía — solo dos ingredientes de estante, sin necesidad de batir ni emulsionar nada.
Membrillo en almíbar aligerado con agua con gas y toronjil machacado, con rodajas de lima de decoración.
Pulpa de maracuyá (con semillas y todo) macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción —la base para bebidas o postres que necesiten ese sabor ácido y tropical bien concentrado.
Hielo de leche condensada rallado, con mango en trozos y jarabe de mango casero —la menta fresca le da un toque refrescante que resalta el dulzor del mango.
Cola infusionada en frío con cereza, servida sobre hielo y coronada con cerezas frescas —la cereza real reemplaza al té de hierbas saborizado a cereza del original.
Shake de fresa con queso crema licuado adentro y trozos de chocolate al final —la combinación de fresa y queso crema es casi perfecta.
Jugo de uva hervido con especias enteras y fruta, como un vino caliente pero sin alcohol —funciona igual de bien caliente que fría, con hielo.
Milk tea de té de jazmín y Assam, con un toque floral de jarabe de rosas —un milk tea clásico, pero con un perfume que lo saca de lo común.
Té de jazmín con toronja en almíbar, machacada en el fondo del vaso —el aroma floral del jazmín se disfruta mejor así, con algo de fruta de por medio.
Café handdrip endulzado con panela y enfriado de golpe con hielo —el azúcar sin refinar le da un sabor más profundo que un azúcar blanca común.
El coffee tonic de siempre, con toronja en almíbar y pulpa fresca machacada de por medio —para quienes no logran decidir entre un café y un ade de toronja.
Espresso con leche y un jarabe de vaina de vainilla real, en vez de extracto o esencia —el latte dulce clásico de cafetería, hecho con la vaina entera.
Bocados de pechuga fritos, bañados en un escabeche tibio de sillao, vinagre y azúcar con cebolla, zanahoria y ají —mejor de un día para otro.
Galleta de chocolate con malvavisco, nuez tostada y sal en escamas encima —dulce, salado y con textura distinta en cada bocado.
Cheesecake horneado, con matcha y chocolate blanco en la masa, sobre una base de galleta integral, y crema de mascarpone encima.
Fresa entera cocida a fuego lento con azúcar hasta espesar —ácida y dulce a la vez, buena con casi cualquier postre.
Ganache de chocolate blanco y pasta de pistacho, con sabor natural a pistacho —sin colorante ni esencia artificial.
La madeleine francesa más básica, con ralladura y jugo de limón en la masa y un glaseado de limón al final —sencilla y vistosa a la vez.
Pay de manzana clásico, con masa quebrada 100% mantequilla y cubierta en enrejado —relleno especiado, base y tapa bien crocantes.
Queque salado-dulce, con queso cheddar y parmesano en la masa, bañado en un glaseado de queso —bueno para grandes y chicos.
Galleta de mantequilla con té earl grey infusionado en la masa, rebozada en azúcar antes de hornear —crocante y sencilla de hacer.
Scone crocante como galleta por fuera, denso por dentro, con el amargor del matcha contra el dulzor de los chips de chocolate.
El crepe dulce más básico —masa fina, crema batida y fresa fresca, doblado en sobre. La base para probar cualquier sirope o salsa de chocolate que tengas a mano.
Dos sándwiches de pan de molde —uno salado con jamón y queso, otro dulce con mermelada—, remojados en huevo y prensados en la waflera hasta quedar con el sello clásico de rejilla.
Masa de waffle de Lieja con fresa en polvo y azúcar perlada —ácido y dulce a la vez, con el color rosado de la fresa por dentro.
El clásico de tocino, lechuga y tomate, con un huevo frito de yema líquida — más contundente que el BLT de siempre.
Queso crema con zanahoria y cebolla china, ambas bien escurridas — la más liviana y colorida de esta sección.
Cebolla y ajo salteados con pasta y puré de tomate, reducidos hasta espesar — la base para pasta o pizza casera.
Piña dorada en sartén sobre petit pan tostado, con tocino crocante y una yogonesa casera de mayonesa, yogur y jarabe de agave.
Champiñones salteados en su propio aderezo balsámico hasta que reducen y espesan —un piqueo tibio, bueno con una copa de vino tinto.
Nabo y betarraga encurtidos rápido en vinagre —una guarnición crocante estilo piqueo agridulce, lista en una tanda que dura toda la semana.
La clásica ensalada estadounidense creada por Robert Cobb — todos los ingredientes cortados en cubos del mismo tamaño, con verduras, proteína y grasa en un solo plato completo.
El más simple de la sección — solo tres ingredientes de estante, con el perfil agridulce de un encurtido casero.
Garbanzo, lenteja, pepino, tomate cherry, aceituna y queso feta — los sabores clásicos del Mediterráneo, en una sola ensalada.
El repollo se pone más dulce al asarlo, y con lomo salteado y un aderezo con cuerpo se vuelve un plato completo.
El más dulce de la sección — queso crema, miel y limón, bueno como aderezo para ensaladas de fruta o como dip.
El acompañante clásico de pescados y mariscos fritos — pepinillo encurtido y cebolla picados sobre una base de mayonesa.
Doble umami de sillao y anchoa, con ají limo y miel — el más intenso de esta sección, pensado para porciones chicas.
Inspirado en el aderezo de la ensalada tailandesa de papaya — ácido, picante y con anchoa en vez de salsa de pescado.
El más simple de esta sección — limón, agua y panela, para cuando buscas algo neutro que no compita con el resto del plato.
Un aderezo dulce y ligeramente picante, con mostaza a la antigua y miel sobre base de aceite de oliva — el más rápido de preparar de esta sección.
El lomo saltado peruano, versión pasta — pollo, cebolla, pimiento y tomate salteados a fuego fuerte con sillao y vinagre, mezclados con espagueti.
Arándano, frambuesa y mora congelados —el trío que en inglés se conoce como “triple berry”— macerados con azúcar y jugo de limón, sin cocción.
Jarabe de toronja y mandarina con manzanilla recién infusionada, servido tibio, con fruta y hierbas de decoración.
Mango en almíbar licuado con mango fresco, yogur griego y leche de almendras, con un toque de cardamomo —una bebida espesa y cremosa, sin nada de hielo dentro.
Fresa en almíbar, leche y matcha, servidos en capas sin mezclar —el contraste de colores se agita recién al tomar.
Hielo de matcha rallado, sin nada de anko (pasta de frijol) de por medio —para que el sabor a matcha se sienta como el de un helado de té verde, sin nada que lo distraiga.
Agua de coco con maracuyá en almíbar y toronjil, con un toque tropical bien marcado —una bebida que recuerda a un paisaje de playa.
Gaseosa verde de melón, coronada con una bocha de helado de vainilla y una cereza —una signature bien vistosa hecha con jarabe de melón casero.
Té negro hervido con especias enteras y leche —el chai clásico de la India, con canela, clavo, cardamomo y anís estrella en vez de un té ya saborizado.
Handdrip infusionado con una bolsita de té earl grey por poco tiempo, para que el aroma a bergamota se sienta sin tapar el café —servido frío, con hielo.
Café dutch en capas con leche y un jarabe de menta natural, en un degradado de verde a marrón —tres colores bien definidos en un mismo vaso.
Espresso con leche y una pasta casera de zapallo cocido —el latte de otoño por excelencia, con canela para terminar.
Bocados de pechuga fritos con huevo y maicena, servidos con cebolla, champiñones y pimiento en una salsa agridulce —la versión con pollo del clásico coreano-chino.
Galleta de chocolate con malvavisco escondido en el centro y galleta Oreo encima —el malvavisco sale derretido al cortarla.
El cheesecake vasco quemado por fuera, cremoso por dentro, con un chorrito de whisky que le suma profundidad al sabor.
Crema batida con queso mascarpone y leche condensada —firme pero no demasiado dulce, para rellenar y cubrir una torta.
Mermelada de frambuesa espesada con pectina, rápida de hacer —es un componente para rellenar otra receta. Para comer sola, ver la mermelada de frambuesa clásica.
Galleta grande con centro de queso crema y mermelada de frambuesa —el sabor de un cheesecake, en formato galleta.
Madeleine con pistacho molido en la masa y un centro relleno de ganache de pistacho —vistosa, para regalar a alguien especial.
Pay de pecana con relleno de jarabe de maple, sin maicena —queda brilloso, con un dulzor menos empalagoso que el pecan pie clásico.
Queque tipo pound cake, con harina de almendra en la masa —más húmedo y de aroma más profundo que un queque normal.
Salsa de chocolate hecha con chocolate de cobertura de verdad, sin conservantes —dura menos que una versión comercial, pero el sabor es mucho más concentrado.
Scone clásico con pecana caramelizada en sirope de maple mezclada en la masa —no necesita mermelada ni crema para acompañarlo.
Crepe relleno de atún, verduras y una salsa de mostaza y mayonesa, enrollado como un wrap —para un brunch sin salir de casa.
La masa genovesa clásica de un rollo de torta, horneada en waflera rectangular en vez de en el horno, rellena de crema batida y fruta fresca.
La masa fermentada del waffle de Lieja, rellena con un trozo de chocolate que queda derretido y fluido por dentro al morderlo.
Kani deshilachado en yogur griego, con huevo cuajado suave, lechuga romana y tomate — liviano, sobre pan tostado.
Tomate deshidratado rehidratado en vinagre de vino, con ajo, perejil y un toque dulce — para untar en pan o acompañar carnes frías.
Petit pan gratinado con salsa de tomate y mozzarella, coronado con huevo a medio cocer y cebolla china — un desayuno simple y rendidor.
La versión chica del tzatziki griego, pensada para untar en pan o acompañar bocaditos, no para bañar una ensalada entera.
El aroma profundo del ajonjolí tostado, con sillao y ajo — un perfil de sabor asiático sobre una base cremosa de mayonesa.
El clásico mundialmente conocido — pollo a la plancha, romana, crutones y parmesano, con un aderezo salado y sabroso.
Una reconstrucción con pasta de ají amarillo, panela y aceite de ajonjolí del perfil dulce-picante-espeso del gochujang coreano, que no se vende en Perú.
Garbanzo, lenteja y quinua cocidos, con alta densidad nutricional y bastante proteína y fibra — deja curar unos minutos antes de comer.
Palta bien madura, machacada y sazonada con limón, cebolla, tomate y panela — para untar, para dipear o como aderezo de una ensalada.
Mango sellado en sartén con un toque de maple, servido sobre burrata con prosciutto y un hilo de balsámico glaseado —de piqueo o como entrada con vino.
Salsa de tomate envasada, pasta corta y pocos ingredientes más — una pasta fría bien simple, buena para lonchera o meal prep.
Lomo salteado sin marinar, sobre una base de avena con vegetales frescos y asados — una versión simple, sin adobo previo.
Repollo apenas salado para ablandarlo, con zanahoria y alga nori desmenuzada —una guarnición ligera, casi sin acidez marcada.
El aderezo más rápido de esta sección — pesto de frasco, limón y aceite de oliva, con la opción de sumar un toque de dulzor.
Mostaza a la antigua y bastante vinagre le dan a este aderezo un perfil más ácido y con textura granulada.
Limón y jengibre en almíbar con una infusión de hierbas recién colada, servido sobre hielo con rodajas de limón y hierbas.
Cereza en almíbar con leche fría, en capas —el color se hunde despacio antes de mezclarse solo, como un degradé rosado.
Cereza macerada con azúcar y jugo de limón, sin agua ni cocción —la base para un bingsu de cereza o cualquier receta que necesite ese sabor dulce y algo ácido bien concentrado.
Uva verde y limón en almíbar con té negro recién infusionado, servido sobre hielo con lima, uva verde, arándano rojo y menta.
Kumquat en almíbar (con mandarina) con té verde en hoja recién infusionado, servido sobre hielo con tomillo y grosellas rojas congeladas.
Hielo de yogur rallado, con tomate cherry fresco intercalado y jarabe de tomate por encima —una combinación poco común, pero que convence apenas se prueba.
Agua de limón con berries en almíbar y una base de jazmín y toronja —una bebida vistosa y fácil, con muy poco esfuerzo de por medio.
Gaseosa con una base de jazmín y toronja, y cubos de gelatina masticable adentro —para quienes disfrutan más una bebida cuando también se puede masticar.
Café handdrip endulzado con sirope de maple, para un dulzor más suave y aromático que el del azúcar blanca —en versión caliente o fría.
Leche de plátano casera con plátano en conserva, coronada con café dutch —suave, con poca acidez y bastante llenadora, casi como un desayuno líquido.
Espresso con jarabe de rosas y espuma de leche, decorado con pétalos de rosa comestibles —un café floral para levantar el ánimo con solo mirarlo.
Yemas de huevo curadas toda una noche en una salsa de soya, mirin y alga kombu, mezcladas con espagueti, ajo y mantequilla —la versión en pasta del dalgyal-jang coreano.
Salad chicken deshilachada a mano, mezclada con huevo duro y una cremosa de mayonesa y mostaza —proteína de sobra, lista en minutos.
Pechuga entera aplanada a grosor parejo, sellada en sartén y bañada en un glaseado teriyaki brillante —jugosa por dentro, con la costra bien dorada.
Galleta de chocolate intenso con macadamia tostada entera —el crocante suave de la macadamia contrasta con el centro húmedo.
Cheesecake frío, sin hornear, con mango en la masa y en gelatina encima —fresco y liviano, bueno para un día caluroso.
Merengue suizo (clara y azúcar calentados a baño maría) batido con mantequilla —sedosa, no tan dulce como una buttercream normal.
Galleta clásica de chocolate con dos tipos de chocolate de cobertura y pecana tostada —dulzor moderado, no empalagosa.
Muffin con arándanos enteros repartidos por toda la masa, más húmedo gracias a la crema agria —con ralladura de limón de fondo.
Pay de zapallo macre especiado, cubierto de crema de queso batida —masa de mantequilla, relleno horneado suave y crema fresca arriba.
Mermelada de piña en cubos, reducida hasta casi secarse y muy poco dulce a propósito —es un componente para rellenar otra receta, no una mermelada para comer sola. Para eso, ver la mermelada de piña clásica.
Caramelo casero con solo tres ingredientes —el color del sirope es la única señal que necesitas para saber cuándo está listo.
Scone de chocolate y chips de chocolate, bañado en un glaseado de café espeso —húmedo y denso, distinto a un scone normal.
Crepe enrollado con un plátano entero adentro, envuelto en crema batida, y bañado en chocolate derretido —fácil de comer con la mano, por la forma alargada.
Waffle de Lieja con parte de harina integral y nuez picada mezclada en la masa —más fibra que la versión básica, sin perder el mordisco masticable.
Un untable verde y salado, con cebolla, alcaparras, anchoa y mostaza dijon — para pan o para acompañar pescados a la plancha.
Baguette con una capa de mayonesa de cebolla, jamón, grana padano en láminas y arúgula — envuelta y atada, para llevar.
Baguette tostada con uva crocante y mozzarella fresca en cubos — aperitivo simple para una reunión en casa, con vino blanco.
Brie horneado entero, con pecana y nuez tostándose encima —para untar en pan, de piqueo con vino.
Ácido y ligeramente dulce por el kiwi, licuado hasta quedar completamente liso — necesitas una licuadora o batidora de mano.
Pimiento crocante, tomate cherry y cebolla, con un aderezo espeso de ajonjolí —una guarnición sencilla, lista en 10 minutos.
Pollo salteado con una salsa picante casera, más camote y vegetales — un bowl abundante, con el picor a tu gusto.
Piña picada gruesa sobre una base del aderezo tipo salsa de esta guía, con jugo de limón y orégano — dulce, ácido y fresco.
Salmón a la plancha sobre una cama de vegetales asados — una buena entrada al salmón para quien no suele comerlo.
Una versión casera inspirada en el tsuyu japonés, armada directamente con sillao —porque el tsuyu embotellado no se vende en el Perú.
Jarabe de rosas casero con leche fría, en capas —el color se hunde despacio antes de mezclarse solo, como un degradé rosado.
Mandarina pelada en almíbar con flor de jamaica recién infusionada, servido sobre hielo con fruta y hierbas de decoración.
Toronja y miel en almíbar con té earl grey y agua tónica, en capas —opcional con un toque de ron para una versión con alcohol.
Limón en almíbar con agua con gas, coronado con matcha recién batido en capas —el matcha se hunde despacio y arma un degradé verde sobre el amarillo del limón.
Kale, manzana, piña y palta licuados con agua de coco —espeso, verde intenso y sin lácteos, dulce solo con la fruta.
Hielo de leche condensada cubierto de “tierra” hecha con galleta Oreo molida, con gomitas de gusano y flores comestibles encima —un bingsu que imita un macetero recién sembrado.
Mango macerado 12 horas con azúcar, licuado, mezclado con jugo de mango y hervido —la base para un bingsu de mango o cualquier bebida que necesite ese sabor tropical bien concentrado.
Dos scones básicos con la misma técnica —uno sin nada más, otro con pasas hidratadas al vapor y maceradas en ron.
Versión sin alcohol de la sangría, con fruta macerada en un jarabe de uva y jazmín, y gaseosa en vez de vino —usa la fruta que tengas en la refrigeradora.
Café bien cargado, batido con mantequilla y aceite MCT hasta que quede espumoso —de la dieta cetogénica, sin ningún endulzante.
Espresso con conserva de cereza oscura y leche, coronado con crema suave —un café con leche dulce y aromático, con una cereza entera de guarnición.
El clásico napolitano de ajo, aceite de oliva y ají seco, salteado con rúcula y berros al final —la versión con hierbas de hoja verde de temporada del aglio e olio.
Pechuga entera frita en capa de huevo, bañada en salsa nanban agridulce y coronada con salsa tártara casera —el chicken nanban clásico de Miyazaki, con pollo en vez de la versión más simple.
Frambuesa cocida a fuego lento con azúcar hasta espesar, en tanda grande —para tener frascos listos y usar en varias recetas.
Galleta de chocolate con tono rojizo y chips de chocolate blanco —la versión “red velvet” de esta sección.
Almíbar rápido con jugo de cereza en conserva, limón y kirsch —para humedecer un bizcocho antes de armar una torta en capas.
Cheesecake horneado con jugo de limón en la masa, cubierto de crema de limón y lemon curd —ácido y suave, refrescante en un día caluroso.
Una versión chica de lemon curd, cocida directo en olla —pensada para usar como base de una crema de limón y de topping.
Muffin con Oreo en la masa, mermelada de fresa y un relleno de queso crema con chocolate —bastante cargado de sabor.
El contraste inesperado de una masa de crepe ligeramente dulce con jamón salteado y queso derretido —bueno como piqueo con algo gaseoso o una cerveza.
Masa de waffle de Lieja con leche de coco y coco rallado adentro, pintada con mantequilla derretida y cubierta de más coco rallado recién horneada.
Ciabatta con bistec a la plancha, lechuga, tomate y cebolla, con una salsa de mayonesa, tabasco y salsa inglesa.
Focaccia tostada con guacamole casero y mango fresco en láminas — fresco, cremoso y con un punto dulce.
Jamonada salteada y picada, con apio, cebolla y mayonesa — un clásico untable de fiambrería para pan o galletas.
Más sutil que la versión con ajonjolí tostado de esta sección, gracias al ajonjolí crudo — un aderezo suave y ligeramente dulce.
El coleslaw de siempre, con palta molida en vez de mayonesa como base cremosa —más ligero, con el mismo crocante.
Langostino dorado en sartén, con un toque picante y palta cremosa — un poke con sabor concentrado, fácil de preparar.
Palta en cubos con quinua, cebolla y un aderezo espeso y picante — para comer directo, sobre arroz o envuelta en una hoja de alga nori.
El dulzor natural del zapallo machacado, con frutos secos tostados y un toque de canela — bueno como acompañamiento de un plato picante o como relleno de sándwich.
Una vinagreta con salsa de tomate como base, más ácida y con más cuerpo que una vinagreta común —buena para pastas frías.
El más diluido de esta sección — sillao, vinagre y agua en proporciones exactas, pensado también como base para encurtir vegetales.
Higo en almíbar con leche fría, en capas —el higo se queda al fondo y arma un degradé antes de mezclarse solo.
Naranja y mango en almíbar con agua con gas, coronado con matcha recién batido en capas —un degradé verde sobre el naranja de la fruta.
Ciruela en almíbar con té earl grey recién infusionado, servido sobre hielo con rodajas de ciruela y romero.
Fruta fresca en rodajas y cualquiera de tus almíbares caseros, servidos en una botella con agua o agua con gas —para armar y llevar, sin receta fija.
Hielo de yogur cubierto de fresas en rodajas finas, con jarabe de limón adentro y aparte para servir —fresco, ácido, y con la fresa como protagonista visual.
Mermelada de fresa con pétalos de rosa macerados en azúcar —el aroma floral queda de fondo, sin tapar el sabor de la fresa.
Tomate macerado 12 horas con azúcar, licuado, hervido y con un toque de jugo de limón —la base para un bingsu de tomate o para cualquier jugo de verdura que necesite algo de dulzor.
Scone plano relleno de mantequilla fría en bloque y pasta de azuki —un clásico de panadería que combina lo salado de la mantequilla con lo dulce de la pasta de frijol.
Agua con gas con jarabe de jengibre y de limón caseros, con un palito de canela infusionando adentro —sin nada de azúcar añadida aparte de los dos jarabes.
Espresso recién extraído, vertido directo sobre helado de vainilla —el afogato clásico, con una galleta Lotus Biscoff clavada encima para mojar en el café o en el helado derretido.
Handdrip bien cargado mezclado con leche condensada —el nombre significa “café con leche helado” en vietnamita, en versión caliente o fría.
Almejas salteadas en ajo, ají seco y vino blanco, con berros y linguine —la versión con hierba de hoja verde del clásico vongole italiano.
Pechuga entera marinada y frita hasta dorar, servida sobre lechuga y bañada en una salsa agridulce de cebolla china, kion y ajo.
Vaina de vainilla macerada en vodka durante meses —mucho más económico que comprar extracto ya hecho, si compras la vaina al por mayor.
Galleta clara, sin chocolate, cargada de macadamia tostada —sabor suave y con más protagonismo del fruto seco que el resto de la sección.
Cheesecake horneado con compota de manzana y crumble de maní encima —crocante por arriba, cremoso por dentro.
Crema batida con lemon curd integrado —ácida y suave a la vez, firme como para decorar con manga.
Muffin de chocolate intenso, con chocolate de cobertura de verdad y chips de chocolate —dulzor moderado, no empalaga aunque comas varios.
Waffle de Lieja con higo seco hidratado y picado mezclado en la masa —dulce por sí solo, sin necesitar sirope ni topping.
El clásico de Filadelfia — carne de res en láminas finas, salteada con cebolla y pimiento, gratinada con queso, en pan de hot dog.
Baguette con pimientos asados y pelados, bocconcini y salsa de tomate — un clásico aperitivo italiano, bueno para vino.
Salmón ahumado licuado con queso crema, crema y eneldo — un untable cremoso para bagels, galletas o canapés.
Berenjena dorada en sartén, marinada en aderezo tsuyu con pimiento y cebolla china —una guarnición fría, ideal para hacer con anticipación.
Láminas de pera y brie alternadas, con prosciutto y arúgula —una ensalada de piqueo que se arma casi sin cocinar nada.
Inspirada en las taquerías de estilo turco — tortilla rellena con ensalada, langostino y aderezo tzatziki, para un plato completo.
Hielo de leche rallado, con el mix de seis frutas en almíbar encima —una forma rápida de tener un bingsu de fruta variada cuando quieras.
Cranberry en almíbar con leche fría, en capas —el almíbar se queda al fondo y arma un degradé antes de mezclarse solo.
Manzana dorada en almíbar con té de jazmín recién infusionado, servido tibio en una taza o tetera.
Naranja, toronja, limón y piña licuados con agua de coco —una bomba de vitamina C sin lácteos, dulce solo con la fruta.
Kumquat en almíbar (con mandarina) aligerado con agua con gas, decorado con rodajas de cítrico, menta y arándanos rojos congelados.
Jugo de fresa macerada, reducido y colado hasta quedar líquido y concentrado —para diluir con leche o agua con gas, o para bañar un panqueque.
Jarabe de té negro bien concentrado y ya endulzado —la base para armar un milk tea rápido, sin tener que calcular té, azúcar y agua cada vez.
Leche y crema espesadas con matcha hasta quedar como un dulce de leche verde —para pan, galletas o como relleno.
Plátano bien maduro, aplastado y cocido con crema y chocolate con leche —una mermelada que no necesita nada de pectina, porque el propio plátano ya espesa solo.
Handdrip frío coronado con un copito de algodón de azúcar y flores comestibles —una bebida especial pensada para disfrutar antes de que el algodón se derrita.
Espresso, helado de vainilla y cereal de chocolate, licuados juntos con un par de pulsos cortos para que no quede del todo liso —un batido nostálgico, con cereal de guarnición encima.
Tocino crocante, ajo, yema de huevo y queso, mezclados fuera del fuego para que la salsa quede sedosa —el carbonara clásico italiano, sin crema de leche.
Pechuga empanizada y frita hasta dorar, servida con una salsa agridulce de vino tinto, ketchup y mostaza —una vuelta más elegante al clásico katsu japonés.
Galleta tostada y de sabor suave, con ajonjolí negro molido en la masa y maní picado —para paladares que prefieren algo menos dulce.
Crema batida con puré de zapallo macre y leche condensada —firme, dulce y con el color y sabor típico del zapallo horneado.
Torta de chocolate densa y húmeda, con merengue en la masa —se hornea corta y se termina de cuajar fría en el refrigerador.
Queso crema mezclado en la masa y otro tanto escondido adentro de cada porción —una masa bien húmeda, con centro cremoso al morder.
Pan de centeno con pesto de albahaca, aceituna verde y negra, y tomate seco — intenso y salado, para los fans de la aceituna.
Petit pan con mantequilla, relleno de ensalada de kani, cebolla y pepino en mayonesa — un piqueo chico y rápido de armar.
La ensalada base de cualquier restaurante —hojas, huevo, tomate y zapallo italiano dorado— en formato para compartir con algo de tomar.
Pepino salteado apenas un minuto, con un topping de carne molida dorada y bien sazonada —el salteado le quita fuerza al sabor característico del pepino crudo.
Pulpo salteado con ajo y ají, papa, lenteja y aceituna — estilo mediterráneo, con un toque picante ajustable.
Manzana en almíbar con té negro recién infusionado, servido tibio en una taza, con rodajas de manzana armadas en forma de rosa.
Piña y limón en almíbar aligerados con agua de coco —tropical y ligero, sin gas y sin alcohol.
Limón en almíbar con jugo de limón fresco y agua tónica, con menta machacada en vez de perilla (no se consigue en Perú) —un mojito sin ron y sin alcohol.
El jugo de granada exprimido y reducido con azúcar —una granadina casera, sin colorantes ni jarabe de maíz, para diluir o para cócteles.
Leche y crema infusionadas con Earl Grey y espesadas hasta quedar como un dulce de leche —con el aroma a bergamota de fondo.
Achicoria disuelta en un almíbar de azúcar blanca y rubia —la base para un café estilo Nueva Orleans, o para tomar con leche en vez de café.
Espresso con más carga de café y menos leche que un latte, servido en vaso de vidrio —una textura densa donde el café y la leche se notan en partes iguales.
Espagueti salteado con carne de cerdo molida, ajo y cebolla china en una salsa de soya, pescado y ajonjolí —la versión en pasta del clásico taiwanés rou zao mian, conocido en inglés como “Taiwanese Noodles with Meat Sauce”.
Pechuga rebozada en harina y dorada, guisada con papa, zanahoria y cebolla en un caldo dulce-salado de soya —el jorim coreano de pollo.
Cebolla dorada a fuego lento y reducida con vino blanco y vinagre —salada, no dulce, para acompañar carnes o pescado.
Galleta verde con matcha en la masa y chips de chocolate blanco —el amargor del té contrasta con el dulzor del chocolate.
Lemon curd espesado con gelatina y emulsionado con mantequilla — queda firme y sedoso, ideal para rellenar una tartaleta.
Torta de bizcocho genovés en 3 capas, con almíbar de limón, crema de queso batida y lemon curd entre cada capa —ácida y ligera, ideal para un día caluroso.
Masa verde con matcha, rellena de pasta de azuki y nuez picada —el contraste clásico japonés de té verde amargo y frijol dulce, en formato waffle de Lieja.
Atún en lata con cebolla, pepinillo y kale en mayonesa, con una salsa de mostaza y miel — más textura que el clásico atún mayo.
Baguette tostada con crema de queso, nuez y miel de maple, cubierta con arándanos frescos — buena con té o café.
Papa y zanahoria en bastones, asadas al horno hasta dorar, servidas sobre un dip a elección —un piqueo abundante y reconfortante.
Champiñones salteados con pimiento y cebolla china, terminados con alga nori tostada desmenuzada —una guarnición sabrosa, lista en 20 minutos.
Papa recién cocida, con salmón ahumado enrollado encima — el contraste tibio-frío es lo que hace funcionar este plato.
Jarabe de toronja y mandarina con té oolong recién infusionado, servido sobre hielo, con fruta y hierbas de decoración.
Jarabe de naranja y hierba luisa diluido en agua, con bayas congeladas —el sabor sutil del jarabe se siente mejor así, bien diluido.
Naranja en almíbar aligerada con agua con gas, decorada con granada, fresa y cereza —con aire a sangría, sin nada de alcohol.
Láminas de membrillo cubiertas en miel y dejadas reposar 1-2 meses —la fruta suelta su jugo de a poco, hasta que la miel misma se vuelve un sirope.
Caramelo seco hecho con azúcar y sal, aligerado con crema hasta quedar en jarabe —el toque dulce clásico para café o bebidas frías.
Espresso sobre un degradado de leche y jarabe de curazao azul, con una dona en forma de aro encima —una bebida que imita el color del mar, mezclada apenas lo justo para que se noten las capas.
Champiñones salteados en ajo, kion y cebolla china, con una salsa de miso blanco, aceite de ajonjolí y soya —dulce, salado y con todo el sabor del hongo intacto.
Pechuga en láminas finas, salteada con cebolla en una salsa de kion, sillao y sake —la versión con pollo del clásico japonés de cerdo.
Jengibre licuado y reducido con azúcar y miel —picante, para diluir en agua caliente o mezclar con otra mermelada más dulce.
Galleta con base de canela, nuez tostada y pasas —sin chocolate, para quienes prefieren un sabor más especiado que dulce.
Ganache montada de chocolate blanco y pasta de pistacho —se prepara el día anterior y se bate en frío antes de usar.
Bizcocho esponjoso con puré de zapallo macre integrado, en 3 capas con crema de zapallo entre medio —dulce, húmedo y con textura algo chiclosa.
Masa de waffle de Lieja con leche de soya y harina de cañihua tostada —un desayuno más contundente que la versión básica, con un grano 100% andino.
Papa y huevo majados, con pepino, cebolla, manzana, zanahoria y jamón — la ensalada de papa clásica, entre pan de molde.
Tortilla de maíz en capas con carne molida dorada, vegetales frescos y queso —el piqueo que no falla en una reunión.
Pan artesano con queso crema, salmón ahumado, cebolla y alcaparras — el clásico del brunch, en versión abierta.
Espinaca apenas salteada, con jamón de pavo ahumado dorado y quinua — dulzón, con proteína de sobra.
Tiras de pechuga de pollo doradas, con cebolla china y un toque de ají —sin grasa de más, con proteína de sobra.
Jarabe de fresa con leche y té negro recién infusionado, en capas —el té se vierte despacio por encima para que no se mezcle.
Dos capas de smoothie —una amarilla de mango, naranja y piña, y una roja de pitahaya y mango— servidas una sobre la otra, sin mezclar.
Naranja y mango en almíbar aligerados con agua con gas, con hierbabuena machacada entre el hielo para que suelte todo su aroma.
Uva machacada y reducida, colada hasta quedar líquida y concentrada —para diluir con agua o agua con gas, o para bañar un postre.
Vaina de vainilla real macerada en azúcar una semana, y recién después hervida en almíbar —el aroma sale mucho más marcado que con un jarabe de sabor artificial.
Espresso con jarabe de almendra, coronado con una crema de almendra batida en vez de una espuma de leche normal —el dulzor se concentra en la crema, no en el café.
Col china y tomate cherry guisados hasta soltar su jugo, con ajo, anchoas y ají seco —la versión con hierbas de col de primavera del clásico italiano de anchoas.
Pechuga picada a cuchillo y sazonada, moldeada a mano y frita hasta dorar —con dos salsas caseras para acompañar.
Tomate y manzana licuados y reducidos con limón —el sabor fresco de un tomate maduro, en formato mermelada.
Galleta cargada de maní, con mantequilla de maní y sal encima —el equilibrio clásico entre dulce y salado.
Crema cruda de mantequilla, pistacho y almendra —se hornea dentro de una base de tarta, no se come cruda.
Torta de coco de una sola capa, con mermelada de piña adentro y crumble de almendra crocante encima —muchos pasos pero cada uno es simple.
Malvavisco escondido adentro de la masa, bañado en chocolate derretido una vez horneado —una versión que termina pareciendo un choco pie.
Atún crudo en cubos, marinado en sillao y aceite de ajonjolí, con pepino y una mayonesa picante — estilo nikkei, sobre baguette.
No la clásica de langostino al ajillo, sino una versión que exprime todo el umami del champiñón —dorado con bastante ajo y aceite de oliva.
Ciabatta con pollo glaseado en salsa teriyaki casera, pepinillo, lechuga, tomate y cebolla — dulce, salado y con textura crocante.
El tomate se vuelve más dulce al cocinarlo, con zapallo italiano, berenjena y garbanzo, todo unido con un aderezo de pesto.
Melón en almíbar licuado con más melón fresco y agua de coco — espeso, dulce y sin lácteos.
Base de milk tea con leche fría y hielo, en capas —la versión más rápida de armar, sin infusionar té extra.
Toronja y miel en almíbar aligerada con agua con gas, decorada con fruta deshidratada y hierbas.
Pétalos de rosa e hibisco hervidos en almíbar, con limón —un jarabe floral con un toque ácido de fondo, para no pasarse de dulce ni de perfumado.
Espresso con polvo red velvet, servido con la leche vertida despacio para ver cómo la espuma va tomando un color rosado poco a poco —una de las bebidas más fotogénicas de esta guía.
Coles de Bruselas y chorizo dorados, con mostaza en grano, limón y un crumble de pan rallado tostado —dulce, salado y ácido a la vez.
Bastones de pechuga marinados en soya, envueltos en alga nori y fritos hasta crocantes —una vuelta con pollo al gimmari coreano.
Zanahoria y manzana licuadas y reducidas con limón —un naranja intenso y un sabor suave, bueno para pan o para un queque.
Galleta con zapallo en polvo en la masa, cubierta de pepitas de zapallo y semillas de girasol —sabor profundo, sin chocolate.
Bizcocho genovés de chocolate, batido con yemas y claras por separado —base para armar una torta de crema en capas.
Relleno cremoso de chocolate y queso crema, con cacao en la masa — se hornea dentro de una base de tarta, no se come crudo.
Frijol rojo, arveja y azuki, cada uno cocido y endulzado por separado, mezclados en la masa —tan dulce que se come solo, sin sirope ni crema.
Camarón picado con apio y cebolla, en una mayonesa con limón y mostaza dijon — la textura crocante del apio contra lo suave del camarón.
La coliflor sola resulta aburrida —horneada con ajo, queso grana padano y un toque picante se vuelve un piqueo con carácter.
Petit pan con una crema de queso a la mostaza picante, salmón ahumado, manzana, cebolla morada y arúgula.
Pasta corta con albahaca, lenteja, brócoli y champiñón, terminada con ajonjolí crudo entero para sumar textura crocante.
Fresa, arándano, frambuesa y zarzamora licuados con plátano, piña, yogur y agua de coco —espeso, dulce y con mucha fruta.
Cereza en almíbar aligerada con agua con gas, con cereza fresca en rodajas y tomillo de decoración.
Chocolate derretido en leche, con azúcar y cacao en polvo —más concentrado que un sirope de botella, bueno para café, milk tea o postres.
Espresso con jarabe de caramelo y leche, en una proporción más simple que un caramel macchiato —para cuando ese te resulta demasiado pesado.
Salmón sellado en una salsa cremosa de ajo, anchoas, alcaparras y vino blanco, con puerro y mostaza en grano —inspirado en el bagna càuda italiano.
Pechuga en tiras finas, marinada y salteada con pimiento y brotes de bambú en una salsa de soya y ostión —la versión con pollo del clásico japonés de carne.
Zapallo cocido y reducido con mantequilla, leche y canela —suave y cremosa, buena para untar o de base en un pie de zapallo.
Bolitas de queso crema congeladas, para meter dentro de una galleta cruda antes de hornear —el centro cremoso de las galletas estilo Nueva York.
Galleta cargada de chocolate estilo bakery (tipo Levain), con sal en escamas encima —el dulce amargo del chocolate resaltado por la sal.
Genovesa de chocolate en 3 capas con cereza, crema de mascarpone y chocolate rallado por fuera —la clásica torta “Black Forest”.
Masa con harina de maíz, cubierta de grits de maíz gruesos antes de hornear —doble textura y doble sabor a maíz.
Salchicha en pan de hot dog, con un chili casero de frijoles rojos y un toque picante de ají limo — más sabroso que el chili de lata.
Choclo salteado con pimiento, jalapeño y una mayonesa picante — inspirada en los esquites mexicanos, sobre baguette tostada.
Espárragos salteados, huevo a media cocción, garbanzo y pan tostado —una entrada europea clásica, con la yema como salsa.
Simple pero con sabor profundo, gracias a un solo aderezo de ajo y hierbas — el estilo italiano clásico, sin salsa de tomate ni crema.
Mandarina (kumquat) en almíbar diluida en agua caliente —una infusión simple, sin hojas de té, servida en una taza.
Tomate cherry y albahaca en almíbar aligerado con agua con gas, decorado con tomate cherry ensartado y una hoja de albahaca.
Igual que un lemon curd, pero con jugo de toronja rosada —más amargo que el de limón, un sabor más de adulto.
Mango congelado endulzado y molido hasta quedar liso —más parecido a la fruta real que un puré comercial, y listo para usar en bebidas o repostería.
Berenjena salada y guisada con tomate cherry, albahaca y ralladura de limón, enfriada y mezclada con capellini —una pasta fría para el calor, casi como un tallarín frío italiano.
Pechuga hervida y fría, sobre frejolito chino, bañada en una salsa picante de soya, vinagre y aceite de ají —el “pollo que hace babear” de Sichuan, en su versión japonesa.
Plátano reducido con limón y un toque de brandy —dulce y suave, de las mermeladas más fáciles de esta sección.
Galleta de tono rojizo con un centro de queso crema escondido adentro —la versión rellena del red velvet de esta sección.
Choclo y queso mozzarella rallado mezclados en la masa —el dulzor del maíz contra lo salado y elástico del queso derretido.
Rollitos de salmón y pepino sobre una corona de hojas verdes, con el aderezo servido al centro —una entrada vistosa, sin cocinar nada.
Ensalada de huevo con cebolla y cebolla china, en una mayonesa picante con sriracha y limón, entre pan de centeno.
Pan de molde con crema de queso y pepino, cubierto con rodajas de pepino y rabanito alternadas — liviano, para una tarde de té.
Granada en almíbar diluida en agua caliente —una infusión simple, sin hojas de té, que también se puede calentar y servir en tetera.
Jarabe de frambuesa y romero aligerado con agua con gas, con un degradé rosado que dura un rato antes de mezclarse solo.
Zapallo hervido, molido con azúcar y hervido de nuevo hasta espesar —dulce y untuoso, ideal para un pumpkin latte o mezclado con leche caliente.
Farfalle frío con tomate cherry, mozzarella fresca, aceitunas y alcaparras, aliñado con limón, vinagre de vino y albahaca —una ensalada de pasta fresca para el calor.
Pechuga aplanada hasta quedar del tamaño de un plato, marinada con kion, ajo y especias, y frita con maicena hasta quedar bien crocante —el clásico callejero taiwanés.
Plátano cocido en un caramelo casero, con ron y canela —para comer sola sobre helado, no solo como mermelada de pan.
Galleta de chocolate y café con un centro de queso crema con espresso —el sabor de un tiramisú, en formato galleta.
El hotteok, el famoso panqueque relleno callejero de Corea, hecho en formato waffle de Lieja —masa masticable con un relleno de azúcar rubia, canela y frutos secos.
Salmón crudo curado en limón, con cebolla, pepino y rabanito —el cebiche de siempre, en formato ensalada para compartir.
Croissant tostado con ensalada de huevo, cebolla y pepinillo en una mayonesa con mostaza y limón — suave y clásico.
Ciabatta con salsa de tomate casera y mozzarella gratinada al horno, cubierta con tomate fresco, rúcula y balsámico.
Espinaca licuada con manzana, plátano y agua de coco —sin lácteos, con la espinaca disimulada por completo detrás de la fruta.
Manzana en láminas finas, macerada con azúcar, limón y ramas de canela, sin cocción —funciona sola con agua caliente, o como base de una bebida fría.
Jarabe de ciruela diluido en agua, con tomillo machacado en el fondo del vaso para que suelte todo su aroma.
Baguette con salmón ahumado, rúcula baby y una crema de queso con alcaparras —el tipo de sándwich chico que se sirve en una once o como piqueo elegante.
Fusilli mezclado con pesto de albahaca casero, tomate seco y parmesano —una pasta rápida donde lo único que cocinas es la pasta.
Pechuga guisada con ajo entero y kion en partes iguales de aceite de ajonjolí, sillao y sake, terminada con albahaca fresca —el clásico taiwanés de “tres tazas”.
Caqui licuado y reducido con azúcar y limón —dulce y suave, con un sabor que recuerda a otoño.
Galleta de chocolate con un centro de compota de frambuesa —ácida y dulce a la vez, con la fruta como protagonista.
Masa oscura hecha con harina de arroz negro y azúcar perlada —dulce pero liviana, sin harina de trigo en la mezcla.
Ciabatta gratinada con hongo ostra y cebolla a la plancha, camembert y mozzarella, con un toque de balsámico y arúgula.
Pechuga de pollo dorada, gajos de naranja, lenteja y frutos secos —una entrada con proteína de sobra, buena de piqueo o como plato completo.
Betarraga licuada con fresa congelada, piña, limón y agua de coco —un smoothie rojo intenso, dulce y sin lácteos.
Jarabe de ciruela con kombucha bien fría —la burbuja natural de la kombucha reemplaza al agua con gas.
Fresa en cubos macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción —la base para un ade de fresa o un latte de fresa y matcha.
Baguette con una spread de pollo desmenuzado y arándano deshidratado hidratado al vapor —dulce y salado a la vez, con arúgula baby para el toque fresco.
Pepino, tomate cherry, aceituna y queso feta con casarecce, en una vinagreta de anchoa, ajo y limón —una pasta fría con atún y huevo para un almuerzo completo.
Pechuga marinada en leche, doble frita hasta crocante y bañada en una salsa dulce-picante coreana, con nabo encurtido al costado.
Gajos de caqui cocidos en almíbar con un toque de ron —conserva la forma de la fruta, buena con café o té.
Galleta con tres chocolates distintos y un centro de queso crema escondido —la más completa de la sección.
Pan de aceitunas gratinado con berenjena dorada, salsa de tomate casera, mozzarella y albahaca — un grill sandwich sin carne.
La ensalada tailandesa de papaya verde rallada, agridulce y picante, con maní tostado y ají limo —fresca, directa y sin cocinar nada.
Membrillo en almíbar con té de hierba luisa recién infusionado, servido caliente, con fruta deshidratada y hierbas de decoración.
Durazno en almíbar aligerado con agua con gas, decorado con rodajas de durazno, hierbas y flores comestibles.
Mandarina de piel fina en rodajas, macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción —el reemplazo práctico del kumquat para un ade o un té verde con cítricos.
Puré de tomate guisado a fuego bajo con cebolla, ajo, ají seco y albahaca —la salsa italiana más simple, y una de las más fáciles de arruinar por apurarla.
Pechuga escalfada con cebolla china y kion, deshilachada y servida sobre arroz con una salsa de cebolla crocante —el bowl de arroz con pollo más popular de Taiwán.
Cereza congelada, licuada y reducida con limón —de color intenso, hecha con fruta congelada en vez de fresca.
Galleta con sabor a torta de zanahoria, con canela, nuez, pasas y un centro de queso crema escondido adentro.
Papas hervidas, ahuecadas y horneadas, rellenas con cebolla, pimiento, bocconcini y prosciutto —el piqueo que más rinde de la sección.
Petit pan tostado con mantequilla, espárrago salteado, tocino crocante y un huevo frito de yema líquida encima.
Melón en almíbar aligerado con agua con gas, con rodajas de melón fresco y hierbas de decoración.
Naranja licuada con zanahoria, manzana, jengibre y agua de coco —refrescante y con un toque picante que calienta el cuerpo.
Rodajas de limón macerado con azúcar y su propio jugo, sin agua ni cocción —a diferencia del jarabe de limón cocido, este se prepara crudo, como base para un mojito sin alcohol o un ade con matcha.
Palta aplastada con ajo, limón y perejil, mezclada con gemelli, uvas y tomate cherry —una pasta fría donde la fruta le pone el contraste dulce a un guacamole con más cuerpo de lo normal.
Pechuga cocinada a fuego bajo con ajo y cebolla china hasta lograr un caldo intenso, servida con papa y una salsa picante para mojar.
Ciruela con cáscara, reducida con azúcar y limón —de color intenso y sabor ácido-dulce, una de las mermeladas más fáciles de hacer.
Galleta de chocolate cargada de trozos, cubierta de crumble crocante —el contraste entre lo crocante y lo húmedo del centro.
Pan artesano con aderezo césar casero, lechuga butterhead, tocino, huevo a medio cocer y parmesano — la ensalada césar en sándwich.
Limón en almíbar con menta machacada en el fondo del vaso, aligerado con agua con gas.
Zapallo hervido licuado con banana, leche de coco y de almendras, canela y vainilla —espeso, cremoso y sin lácteos.
Gajos de naranja de mesa macerados con azúcar y limón, sin agua ni cocción —el reemplazo práctico de la naranja cara cara para un ade con aire a sangría.
Un pesto sin queso ni frutos secos, licuado con kion, ajo, sillao y limón —una pasta fría japonesa para el verano, sin nada de fuego encendido más que el de hervir el agua.
Cubos de pechuga marinados en especias, ensartados en palitos y a la plancha, servidos con una salsa de maní espesa —el clásico indonesio.
Ciruela pelada y cocida entera en almíbar —conserva su forma redondeada, más suave que la mermelada.
Galleta verde con huacatay en polvo y maní, cubierta de crumble crocante —herbal y tostada, sin nada de chocolate.
Focaccia con pesto de albahaca, mozzarella fresca, arúgula y pimiento asado y pelado — asar el pimiento entero lo vuelve más dulce.
Jarabe de arándano intenso aligerado con agua con gas, decorado con bayas congeladas y hierbas secas.
Limón y jengibre en almíbar con agua caliente, servido tibio, con rodajas de limón y hierbas de decoración.
Uva verde y limón en rodajas, macerados juntos con azúcar, sin agua ni cocción —base para un ade con menta o un té helado con uva.
Berenjena dorada en sartén, licuada con pistacho, ajo, eneldo y limón —un puré más liviano que un hummus y más suave que un pesto, mezclado con cabello de ángel.
Pechuga marinada toda una noche en yogur y especias, dorada en sartén —la versión sin horno de barro del clásico indio.
La variedad de ciruela más densa y menos jugosa, reducida con azúcar y limón —un sabor más concentrado que la mermelada clásica.
Galleta con camote morado asado encima y un centro de queso crema escondido adentro —dulce y suave, sin nada de chocolate.
Pan de centeno tostado con mantequilla, ensalada de huevo y palta en mayonesa, cubierta con mozzarella rallada y pimienta.
Jarabe de rosas casero diluido en agua, con rosa seca y tomillo de decoración.
Pitahaya roja licuada con mango, naranja y coco —dulce, tropical y de un rosa intenso.
Mango en cubos macerado con azúcar y limón, sin agua ni cocción —a diferencia del jarabe de mango colado, este conserva la fruta entera, en trozos.
Hierba luisa fresca machacada y salteada con kion, ajo y ají, en una salsa de pescado y limón —una pasta liviana que se puede subir de nivel con almejas o langostinos.
Pechuga aplanada, empanizada con parmesano y frita hasta dorar, servida con ensalada de rúcula y tomate —el clásico de Milán.
Leche de coco reducida a la mitad con azúcar rubia —solo dos ingredientes, para untar en pan o mezclar en un batido.
Galleta con harina integral, textura más rústica, un centro de queso crema y nuez tostada encima.
Petit pan con cebolla dorada, tocino crocante y queso cheddar — un desayuno contundente y rápido de armar.
Mix tropical en almíbar aligerado con agua con gas, decorado con pitahaya, bayas congeladas y hierbas.
Papaya licuada con plátano, piña, mango, vainilla y leche de almendras —cremoso y sin lácteos.
Gajos de naranja y cubos de mango macerados juntos con azúcar y limón, sin agua ni cocción —más ácido y aromático que cualquiera de los dos por separado.
Tocino crocante salteado con ajo, ají seco y perejil italiano, en una salsa de ajonjolí y soya —la versión con hierba de hoja disponible todo el año de una pasta coreana de otoño.
Pechuga curada y cocinada muy lento, sumergida en aceite, hasta quedar extremadamente jugosa —la técnica francesa de conservación aplicada al pollo.
Durazno pelado y cocido en gajos, en almíbar suave —queda tierno pero entero, bueno con yogur o solo.
Galleta oscura y tostada con quinua negra molida, maní y un centro de queso crema escondido adentro.
Petit pan con queso crema, cebolla china dorada, cheddar y jamón — simple, pero el salteado de cebolla marca la diferencia.
Mora en almíbar con menta machacada, jugo de limón y agua con gas, decorada con rodajas de limón y lima.
Toronja y miel en almíbar con agua caliente, servido tibio, con rodaja de limón y hierbas de decoración.
Fresa macerada y hervida con flor de jamaica y pétalos de rosa —el reemplazo del ruibarbo (casi imposible de conseguir en Perú) que le da el mismo punto ácido y el color rojo intenso.
La técnica base para una mermelada de fresa: el jugo se reduce aparte y se vuelve a unir con la pulpa —así queda de un rojo intenso, sin deshacerse del todo.
Almejas y mejillones salteados en mantequilla y ajo, con tomate cherry y vino blanco —una pasta tipo sopa, sin necesidad de queso para lograr un caldo limpio y sabroso.
Pechuga dorada y guisada con champiñones, tocino y arvejas en una salsa cremosa de vino blanco —el clásico francés de casa.
Galleta clara con un centro doble de queso crema y compota de frambuesa —ácida y dulce a la vez.
Petit pan gratinado con tocino crocante, jalapeño y mozzarella derretida — el picor del jalapeño corta bien la grasa del tocino.
Plátano licuado con cacao, jengibre en polvo, dátiles y leche de almendras —dulce, sin azúcar añadida, con un toque picante.
Mandarina (kumquat) en almíbar aligerada con agua con gas, con rodajas de mandarina y romero de decoración.
Piña en cubos y limón en rodajas, macerados juntos con azúcar, sin agua ni cocción —base para un ade con agua de coco o un mojito de piña.
La mermelada de fresa clásica con un toque picante de pimienta negra recién molida al final —contraste que resalta el dulzor de la fruta.
Ajo y crema reducidos a fuego bajo, con parmesano y el jugo de limón mezclado justo al final —una pasta cremosa pero fresca, sin el peso de una alfredo clásica.
Un remojo simple de agua, sal y azúcar que deja la pechuga sorprendentemente más jugosa y le suma unos días de vida útil —la base de preparación para el resto de esta colección.
Galleta con zapallo en polvo en la masa y un centro de queso crema escondido adentro —dulce y suave, sin nada de chocolate.
Ciabatta con berenjena, cebolla y pimiento asados, con pesto de albahaca — tanto sabor como una versión con carne.
Dátil chino, jengibre y pera en almíbar con agua caliente, para tomar como té durante todo el día.
Jarabe de limón rosa aligerado con agua con gas, de un color rosa-morado bien intenso.
Uva negra en rodajas, macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción —para usar como base de bebida o para acompañar postres.
La mermelada de fresa clásica con hojas de menta picadas al final —un toque fresco que corta el dulzor.
Anchoas, ajo y ají seco salteados como base, con aceituna negra, alcaparra y puré de tomate reducido —una salsa de sabores intensos, para esos días en los que un plato contundente cae bien.
Bocados de pechuga en salmuera, marinados y cubiertos en una masa líquida de huevo y maicena, fritos hasta quedar esponjosos —con salsa agridulce para mojar.
Galleta con chocolate blanco, con leche y oscuro juntos, y un centro de queso crema escondido adentro.
Atún en lata con pepino y cebolla, sobre pan untado con una salsa de mostaza y miel — fresco y rápido de armar.
Toronja y jengibre en almíbar con agua caliente, decorado con una rodaja de toronja deshidratada.
Manzana en almíbar aligerada con agua con gas y una rama de canela, con rodajas de manzana y romero de decoración.
Jugo de naranja y limón hervidos con hierba luisa —el reemplazo del lemon myrtle australiano (casi imposible de conseguir en Perú) que le da el mismo aroma cítrico-herbal.
Fresa y plátano en rodajas, cocidos juntos en el jugo de fresa reducido —dos frutas, una mermelada más suave y menos ácida.
Caballa dorada y crocante, desmenuzada en trozos y salteada con cebolla china, ajo, ají seco y vino blanco —una pasta de pescado azul que no queda nada pesada ni con olor fuerte.
Pechuga en salmuera, dorada en sartén y bañada en una salsa brillante de vino blanco, limón y mantequilla —técnica francesa clásica de pan sauce.
Galleta aromática con té earl grey molido y avellana, con un centro de queso crema escondido adentro.
Pan artesano gratinado con tocino crocante, queso derretido y un guacamole casero bien cargado de vegetales.
Mandarina y naranja en almíbar con agua caliente, decorado con fruta cítrica deshidratada.
Jarabe de flor de jamaica y limón aligerado con agua con gas, de un rojo intenso, con kiwi y semillas de granada de decoración.
Pulpa de toronja macerada con azúcar, limón y miel —una variante más dulce y redonda que la toronja en almíbar de siempre.
Higo picado con su cáscara roja, cocido con azúcar y limón —el color de la cáscara tiñe toda la mermelada de un rojo intenso.
Camarones dorados en su propia grasa, en una salsa rosé de crema y pasta de tomate, con parmesano y un toque de pimentón —cremosa, suave y con el sabor extra que da el marisco dorado aparte.
Pechuga marinada y cocinada por calor residual, sin hervir directamente —queda extremadamente jugosa y aguanta días en la refrigeradora, lista para deshilachar en cualquier otra receta.
Papel de arroz relleno de jamón, cheddar, lechuga, pepinillo, tomate y jalapeño — un wrap sin pan, en una salsa de mostaza y miel.
Naranja y limón en almíbar diluido con agua, con hielo —a diferencia de la mayoría de ades de esta guía, sin nada de gas.
Jarabe de frambuesa y lavanda aligerado con agua con gas, con frambuesas y hierbas de decoración.
Mango y kiwi en cubos, macerados juntos con azúcar y limón, sin agua ni cocción —un almíbar tropical para el verano.
Higo pelado y cocido entero en un almíbar de vino blanco y limón —conserva su forma característica, teñida del color de su propia cáscara.
Solo pecorino, pimienta y agua de cocción —la pasta italiana más simple en cantidad de ingredientes, y una de las más exigentes en técnica para que la salsa no se corte.
Pechuga frita y crocante, bañada en una salsa espesa de ají fermentado, vinagre y mostaza japonesa —el piqueo picante de los restaurantes chinos de Kioto, ideal para acompañar una cerveza.
Todo el relleno de un sándwich completo, envuelto en lechuga en vez de pan — bajo en carbohidratos, alto en relleno.
Cranberry, naranja y manzana con canela en almíbar, mezclados y aligerados con ginger ale —el ponche festivo de la temporada.
Damasco (o durazno, su reemplazo práctico en Perú) en rodajas, macerado con azúcar y limón, sin agua ni cocción.
Kiwi verde en cubos, cocido con azúcar y limón sin reducirlo del todo —conserva su color verde vivo y las semillas negras se notan en cada cucharada.
Conchas de abanico cocinadas enteras en su concha, con ajo, mantequilla y vino blanco —una pasta con caldo de marisco fresco, servida directo con las valvas de guarnición.
Pechuga sellada en sartén con ajo y aceite de ajonjolí, coronada con una mezcla fresca de cebolla china y rábano rallado —el piqueo inspirado en la lengua a la sal de las parrillas coreanas.
El clásico grill sandwich francés — pan con bechamel, tocino, pimiento y queso gratinado al horno.
Kiwi en almíbar machacado con menta y agua tónica —un mojito sin ron y sin alcohol.
Damasco (o durazno) hervido con azúcar y limón, colado —a diferencia del damasco en almíbar (crudo), este se cocina y cuela, quedando un jarabe limpio, ideal para un ade con agua con gas.
Kiwi amarillo, azúcar y limón, macerados y terminados en el microondas —una mermelada chica, lista en menos de 20 minutos, sin usar la olla.
Guanciale dorado, cebolla, ajo y ají seco, en una salsa de tomate reducida —el clásico romano, con bucatini para que el hueco del centro absorba bien la salsa.
Pechuga y cebolla guisadas en un caldo dulce-salado, cubiertas con huevo en dos tandas para un acabado sedoso, servidas sobre arroz.
El croque monsieur coronado con un huevo frito de yema líquida —el redondo de la yema recuerda al sombrero de una dama elegante.
Jarabe de fresa machacado con lima y menta, aligerado con agua con gas —un mojito sin ron y sin alcohol.
Nectarina en gajos o cubos, macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción —para usar como base de bebida.
Mango maduro reducido con azúcar y limón hasta espesar —el aroma tropical se mantiene intacto incluso después de cocinarlo.
Choclo salteado y licuado en una salsa cremosa, con espinaca aliñada de guarnición —dulce y fresca a la vez, sin que un sabor tape al otro.
Pechuga salteada con verduras en una salsa espesada con maicena, brillante y envolvente, servida sobre arroz —el “ankake” japonés.
Pan artesano gratinado con una mermelada de cebolla caramelizada en balsámico, y mozzarella derretida — dulce y salado a la vez.
Kiwi en almíbar con jarabe de fresa por encima, aligerado con agua con gas —dos capas de color bien marcadas.
Flor de guisante azul hervida con limón y azúcar —el color pasa de azul intenso a rosado o morado apenas se mezcla con el ácido del limón.
Mango cocido con cebolla, jengibre, vinagre y salsa de tomate —un condimento agridulce clásico para acompañar curry, carnes o pescado.
Champiñones, tocino, pimiento y brócoli en una salsa alfredo de crema y parmesano, sin mantequilla —una pasta cremosa donde el tocino solo aporta aroma, sin ser el protagonista.
Pechuga y verduras salteadas con arroz y ketchup —el “chikin raisu” japonés, la base clásica del omurice.
El sándwich vietnamita clásico — baguette con panceta glaseada, encurtido casero de zanahoria y nabo, pepino y culantro.
Mandarina pelada en almíbar con menta machacada, aligerado con agua con gas.
Tomate cherry pelado y macerado con azúcar, limón y albahaca, sin cocción —a diferencia del jarabe de tomate (licuado y hervido), este conserva la fruta entera.
La cáscara de la manzana se hierve aparte para sacarle el color rosado, y ese líquido es el que después cocina la pulpa —una mermelada rosada, sin colorante.
Carne de res y cerdo mechada con verduras, tomate y vino, cocinada a fuego bajo por más de una hora —el ragù boloñés clásico, en cantidad para varias porciones.
Pechuga guisada en un curry armado desde cero con especias molidas —cilantro, comino, cayena y cardamomo— sobre una base de cebolla y apio bien sudados.
Garbanzo majado con apio, cebolla morada y pepinillo, en una salsa de mostaza y miel — untuoso, sin necesitar carne ni huevo.
Mix tropical de invierno en almíbar aligerado con agua con gas, de un rosa intenso, con una rodaja de pitahaya de decoración.
Arándano y limón en rodajas, macerados juntos con azúcar, sin agua ni cocción —para un ade con agua con gas, con leche, o para vestirlo de cóctel con agua con gas y una copa con pie.
Manzana ácida macerada con azúcar y limón, cocida hasta espesar — simple, aromática y de las mermeladas más fáciles de acertar.
Gnocchi casero de papa, con una salsa simple de mantequilla dorada, ajo y salvia —la combinación clásica que deja resaltar el sabor del gnocchi en vez de taparlo.
Tallarines dorados aparte y luego salteados con pechuga, repollo y frejolito chino en una salsa de ajo y soya —el clásico japonés de fideos fritos.
Crema de queso con cebolla china y ajo, cubierta con tomate deshidratado casero y pecana tostada — sabor concentrado.
Jengibre y limón en almíbar aligerado con agua con gas —el picante suave del jengibre combina con el toque cítrico del limón, ideal para un día caluroso.
Frambuesa machacada, hervida con romero, limón y azúcar, y colada —un jarabe herbal con un toque afrutado.
Gajos de manzana con vino blanco, limón y romero, listos en 4 minutos de microondas —sin ensuciar una olla.
Tortilla tostada con salchicha, pimiento salteado, guacamole, salsa fresca, crema agria y queso — todo lo de un taco mexicano, abierto.
Tomate cherry en almíbar aligerado con agua con gas, con hierbabuena fresca —el toque herbal que el tomate solo no tiene.
Ciruela en gajos o cubos, macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción —para un té helado con earl grey o para servir sobre hielo.
Trozos de manzana cocidos en un caramelo con mantequilla y ron — buena sola, tibia sobre helado, o como relleno.
Pan de molde con salsa de tomate casera, mozzarella y pepperoni gratinados — mejor que cualquier pan de pizza congelado.
Berro en almíbar mezclado con matcha y agua, con hielo —el amargor del matcha combina con el toque picante y fresco del berro.
Ciruela hervida con azúcar y limón, colada —a diferencia de la ciruela en almíbar (cruda), este jarabe se cocina y cuela, ideal para un ade con tomillo o mezclado con kombucha.
Maní tostado sin sal, molido hasta quedar cremoso, con un toque de miel —una mantequilla de maní casera, sin conservantes.
Pan artesano tostado con paté de salmón ahumado, tomate y arúgula — simple, rápido, y con un sabor que no lo parece.
Mandarina en almíbar con gaseosa transparente (lima-limón) y hielo —una versión más dulce y burbujeante que el ade de siempre.
Melón en cubos o rodajas, macerado con azúcar y limón, sin agua ni cocción —a diferencia del jarabe de melón (licuado y colado), este conserva la fruta entera.
Nuez tostada y molida, cocida con leche, azúcar y miel hasta espesar —una mermelada cremosa, más parecida a un dulce de leche con nuez que a una mermelada de fruta.
El sándwich más simple de Francia — solo mantequilla, jamón y baguette, y nada más falta.
Arándano machacado, macerado un mes entero con azúcar y limón —el reemplazo de la aronia (casi imposible de conseguir fresca en Perú), con el mismo perfil ácido y antioxidante.
Mantequilla batida con miel y ajonjolí negro molido —lista en dos pasos, sin cocinar nada.
Dos bloques de tofu dorado en vez de pan, rellenos de jamón, cheddar y lechuga — alto en proteína, sin nada de harina.
Mango, uva verde, kiwi, pitahaya y piña en trozos, macerados juntos con azúcar y limón, sin agua ni cocción —un almíbar con cinco frutas de verano.
Almendra, nuez y cashews tostados, macerados en miel unos días —bueno con queso, sobre un queque, o directo del frasco.
Pan tostado con jamón, cebolla, manzana y lechuga hoja de roble — solo necesitas jamón y manzana para que funcione.
Mora macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción, madurada un mes entero —el reemplazo práctico del oduí (mora de morera) coreano.
Melón cocido poco tiempo, con pectina en polvo para que espese —así conserva su aroma delicado, sin necesitar una cocción larga.
Pan de centeno con una pasta de palta y albahaca, pepino en tiras y gruyère — fresco de principio a fin.
Jugo de mandarina hervido con su propia ralladura y azúcar —a diferencia de la mandarina en almíbar (rodajas enteras), este usa solo el jugo, para un jarabe limpio y concentrado.
La cáscara, el corazón y las pepas se hierven aparte para sacar su pectina, y ese líquido es el que después cocina la pulpa —una mermelada de aroma floral, sin el sabor áspero de la fruta cruda.
Petit pan con queso crema, pimiento crocante y nuez picada — dos veces más sabroso gracias a la combinación de nuez y queso crema.
Granada macerada con azúcar y limón, sin agua ni cocción —para un ade con té de hierbas o un té de granada.
La cáscara se blanquea y se pica fina, y se cocina junto con los gajos pelados a mano —una mermelada con el amargor justo de la cáscara, sin pasarse.
Pan tostado en mantequilla, relleno de queso crema con jalapeño y cheddar derretido — el picor corta bien lo cremoso.
Higo en trozos, macerado con azúcar y limón, sin agua ni cocción —para una leche de higo o para servir sobre hielo.
Capas de mermelada de naranja navel y ganache de chocolate, servidas en un frasco —dulce y amargor en cada cucharada.
Tortilla enrollada con pollo deshilachado en salsa de mostaza y miel, palta, tomate, cebolla y romana — el favorito de los niños.
Limón macerado con flor de jamaica seca, sin agua ni cocción —el reemplazo de la flor de pensamiento (casi imposible de conseguir en Perú) que le da el mismo tono rosa-morado intenso.
Rodajas enteras de naranja, hervidas primero para bajar el amargor y después cocidas en su propio almíbar —conservan su forma redonda, buenas para decorar.
Pan de centeno con queso crema, palta, pepino y arúgula — texturas variadas, desde lo cremoso hasta lo crocante.
Manzana en láminas finas, macerada con azúcar y limón, sin canela ni sal —a diferencia de la manzana en almíbar de siempre, esta versión deja resaltar solo el sabor de la fruta.
Papaya madura reducida con azúcar y limón hasta espesar —de sabor suave, buena sola o como base de una salsa para carnes.
Baguette con mermelada de arándanos, brie y manzana en láminas — dulce y con carácter, mejor si el brie se entibia un poco.
Uva de la variedad “cotton candy” macerada con azúcar y limón, sin cocción —el sabor a algodón de azúcar de la fruta se conserva intacto.
Pera en láminas finas, cocida con pectina en polvo para que espese —la pera casi no tiene pectina propia, así que sin ayuda extra nunca llegaría a cuajar.
Pan de molde con una crema de queso a la cebolla y eneldo, cubierto con capas de pepino bien delgado — solo dos ingredientes principales.
Caqui Fuyu en cubos o láminas, macerado con azúcar y limón, sin cocción —dulce y crujiente, sin el astringente típico de otras variedades.
Pera cocida con azúcar y limón, machacada a mano hasta quedar espesa —sin pectina agregada, con la textura de la fruta bien presente.
Pan de molde relleno de crema batida y fresas enteras, refrigerado hasta que corte limpio — un postre en formato sándwich.
Membrillo en láminas finas o en juliana, macerado con azúcar y limón, sin cocción —2 semanas de maduración para ablandar su pulpa dura y dejar un sabor complejo.
Cuartos de pera cocidos enteros en vino tinto con canela y clavo —quedan teñidos de un rojo profundo, un postre clásico de otoño.
Pan de molde tostado en mantequilla, relleno de una tortilla de huevo y verduras, jamón, queso cheddar y una salsa de ketchup y mayonesa — el clásico de los puestos callejeros.
Flor de jamaica seca macerada con limón, sin cocción —el reemplazo del omija (baya coreana de cinco sabores, imposible de conseguir fresca en Perú) que da un color rojo intenso y un toque ácido parecido.
Cuartos de pera cocidos en un almíbar de vino blanco y vainilla — quedan claros y perfumados, más sutiles que la versión al vino tinto.
Una hoja de alga nori envuelve capas de arroz de konjac, lechuga, huevo frito, chucrut y jamón dorado — una alternativa baja en carbohidratos al sándwich de pan.
Frambuesa congelada macerada en azúcar y hervida con lavanda y limón, y colada —un jarabe floral con un toque afrutado.
Piña licuada hasta quedar puré, cocida con azúcar y limón —una mermelada lisa y untable, para pan o galletas, distinta de la versión en cubos para relleno.
Tortilla rellena de arroz mezclado con una pasta de ají picante, res salteada en una salsa dulce de soya y ajo, lechuga y queso mozzarella — un burrito con carácter propio.
Cáscara de toronja y mandarina en juliana, macerada con su propio jugo, limón y azúcar, sin cocción —el reemplazo del yuzu (cítrico japonés-coreano que no se consigue en Perú) que más se acerca a su perfil de cáscara aromática.
Uva negra en cuartos, cocida con su propia cáscara y sin agregar agua —el azúcar natural de una uva grande y dulce basta para que espese sola.
Tortilla rellena de arroz salteado con pimientos, res dorada y queso mozzarella derretido, tostada entera hasta dorar por fuera.
Limón en rodajas macerado con jengibre y azúcar, sin cocción —el picante del jengibre calienta el cuerpo, ideal para el invierno.
Uva Italia, la variedad peruana de aroma floral marcado, cocida con un poco de agua hasta espesar —una mermelada perfumada, menos dulce que la de uva negra.
Pan de hamburguesa con tiras de res salteadas en una salsa dulce de soya y ajo, cebolla, tomate, romana y queso cheddar — no lleva carne molida, sino carne de verdad en tiras.
Cranberry deshidratado rehidratado, macerado con azúcar y limón —el arándano rojo típico de las fiestas de fin de año, que en Perú solo se consigue así.
Uva Borgoña machacada con su piel gruesa puesta a cocinar entera —de ahí sale casi todo el color y el sabor marcado de esta mermelada.
Baguette untada con una mantequilla de ajo dorado y perejil, horneada hasta que los bordes quedan crocantes — pocos ingredientes, pero el detalle está en la técnica.
Kiwi verde en cubos macerado con azúcar y limón, sin cocción —base para un mojito sin alcohol o un ade de kiwi y fresa.
Arándanos cocidos con azúcar y limón hasta espesar —una mermelada para comer con cuchara, distinta de la versión menos dulce pensada como relleno.
Fresa macerada y hervida con limón, y colada —un jarabe simple, sin flores ni hierbas de por medio.
Frambuesa congelada cocida directamente con azúcar y agua —sin pectina agregada, distinta de la versión rápida pensada como relleno.
Solo la pulpa de la mandarina, sin cáscara ni piel blanca, macerada con azúcar y limón —el reemplazo del hallabong (cítrico coreano dulce, de cáscara gruesa, que no se consigue en Perú).
Una mezcla de berries congeladas —arándano, frambuesa, mora, lo que tengas a mano— cocida directo con azúcar y agua, sin pectina.
Pitahaya roja y blanca, papaya y mango en cubos, macerados con azúcar y limón, sin cocción —una forma de tener fruta tropical disponible en pleno invierno.
Pasas remojadas en ron toda la noche, mezcladas con mantequilla batida —sin cocinar nada, lista en dos pasos.
Jugo de toronja hervido con rosa mosqueta, limón y azúcar, y colado —un jarabe cítrico con un toque floral que suaviza el amargor de la toronja.
Higo, manzana, ciruela y piña deshidratados, macerados en vino tinto y cocidos con pasas —sabor a pan dulce navideño, para untar en una tostada.
Dátil chino, jengibre y pera en juliana, macerados con azúcar y miel, sin agua ni cocción —un almíbar reconfortante, pensado para tomar como té.
Ciruela, higo, manzana y cereza deshidratados, hidratados en té negro caliente y después cocidos despacio —quedan carnosos, buenos con queso.
Jengibre y limón en rodajas finas, macerados con azúcar, sin agua ni cocción —con más jengibre que limón, a diferencia de la versión con más limón que ya está en esta guía.
Damasco deshidratado remojado en vino blanco y cocido con azúcar —una mermelada de sabor concentrado, lista en menos de 30 minutos.
Rodajas enteras de toronja (con cáscara) y jengibre, macerados con azúcar, sin agua ni cocción —distinto de la toronja pelada en gajos que ya está en esta guía.
Damasco seco hidratado y reducido a puré, batido con mantequilla —para untar en pan o galletas, con más cuerpo que una mermelada.
Kiwi, manzana, arándano, naranja, piña y durazno en cubos, macerados con azúcar, sin agua ni cocción —una forma de aprovechar varias frutas a la vez, con solo 5 días de maduración.
Cáscara y jugo de limón cocidos aparte y unidos con miel al final —una mermelada ácida con un fondo dulce distinto al del azúcar solo.
Berro macerado con azúcar durante un mes, colado hasta quedar en un jarabe líquido —el reemplazo del minari (hierba acuática coreana que no se consigue en Perú) más parecido en sabor.
Mandarina pelada y licuada en puré grueso, cocida con azúcar y limón —ajusta el azúcar según qué tan dulce esté la fruta.
Rodajas enteras de mandarina y naranja, con cáscara, maceradas con azúcar, sin agua ni cocción —dos cítricos en el mismo frasco.
Gajos enteros de mandarina cocidos apenas en un almíbar suave — conservan su forma, buenos con la piel finita y todo.
Rodajas enteras de naranja y limón, con cáscara, maceradas con azúcar, sin agua ni cocción —a diferencia de la naranja en almíbar de siempre (gajos pelados), esta usa las dos frutas en rodajas con cáscara.
Sandía cocida con pectina en polvo para que espese —es más del 90% agua, así que sin ayuda extra nunca llegaría a cuajar.
Gajos de toronja y naranja pelados a mano, apenas cocidos en un almíbar con canela, anís estrella y clavo —se sirve fría.
Frijol panamito hervido hasta ablandar y después confitado en azúcar hasta secarse —un snack dulce, no un postre líquido.