Tostada francesa caramelizada
Pan grueso remojado en yema de huevo y crema, sellado en mantequilla y cubierto con una capa de caramelo —crocante por fuera, húmedo por dentro.
Pan grueso remojado en yema de huevo y crema, sellado en mantequilla y cubierto con una capa de caramelo —crocante por fuera, húmedo por dentro.
Galleta grande cargada de trozos de chocolate oscuro, con tres azúcares distintas en la masa —borde crocante, centro húmedo.
Crumble crocante con un toque de mantequilla de maní —pensado como topping para hornear encima de un scone u otro postre.
El financier básico, con brown butter en vez de mantequilla normal —crocante recién horneado, y más húmedo y con más aroma cada día que pasa.
Galleta francesa de mantequilla, con ron y vainilla, bien crocante por fuera y tierna por dentro —tradicional de Bretaña.
Helado clásico de vainilla con base de crema inglesa, hecho con máquina para helados —con método manual alternativo incluido.
Queque tipo pound cake, con masa de vainilla y de chocolate en capas alternadas, bañado en un glaseado de chocolate con almendra.
El scone clásico de mantequilla, con un interior tierno y capas bien definidas —ideal con clotted cream y mermelada.
Té earl grey concentrado, endulzado y con ralladura de limón —para un iced tea rápido en verano, o para bañar un waffle o panqueque.
Tartaletas de masa sucrée horneada a blanco, rellenas de crema de mantequilla de limón —base crocante, relleno firme y ácido suave.
Torta en capas con zanahoria y pecana en la masa, y un frosting de queso crema —sabor denso y húmedo, sin que sepa a zanahoria.
Crema pastelera aligerada con crema chantilly batida —el relleno clásico para armar el crepe cake básico.
Capas finas de crepe apiladas con crema diplomática —el crepe cake base para adaptar con otras cremas o frutas.
Galletas redonditas de mantequilla, en tres colores y sabores (natural, chocolate y té verde), horneadas en la waflera sin necesidad de horno.
El waffle de Lieja de siempre, con masa fermentada con levadura — esponjoso y masticable por dentro, dorado y crocante por fuera.
Apio y kiwi cocidos con azúcar y limón —una mermelada fresca y aromática, distinta a cualquier otra de esta sección.
Variante de la galleta clásica con cacao Valrhona en la masa y dos chocolates distintos —sabor a chocolate mucho más intenso.
Crumble crocante con mantequilla de maní y azúcar rubia —topping para hornear encima de un cheesecake u otro postre.
El financier básico, con sirope de maple en la masa y pecana caramelizada encima —interior tierno, topping crocante.
Galletas suaves por dentro y ligeramente crocantes por fuera, con coco rallado —dulzor discreto, sin que el coco sea abrumador.
Helado rosado con puré casero de fresa, sobre una base de crema inglesa —hecho con máquina para helados.
Queque tipo pound cake, húmedo gracias a la crema agria, bañado en un glaseado ácido de limón —ideal para el verano.
El sabor de los caramelos de mantequilla de toda la vida, en versión salsa —fácil de hacer, con solo cuatro ingredientes.
Tarta de masa de pistacho, rellena de crema de pistacho y almendra horneada, con mermelada de frambuesa, ganache de pistacho montada y frambuesas frescas.
Bizcocho genovés simple, calado en sirope de leche y relleno de crema de mascarpone —sencilla, pero difícil de dejar de comer.
Crema chantilly aligerada con yogur natural —más ácida y menos dulce que una chantilly normal, para rellenos frescos.
Panqueques esponjosos con crema para repostería en la masa, cubiertos con chantilly y fresa fresca.
El scone inglés de siempre, con el sello de la parrilla de waffle en vez de la forma clásica horneada al horno —textura distinta, mismo sabor sencillo.
El waffle de Lieja de siempre, versión salada —con aceite de oliva extra virgen en vez de mantequilla y aceituna negra picada en la masa, suficiente como para comer solo.
Camote hervido, aplastado y reducido con azúcar y miel hasta quedar en pasta —un dulzor sencillo, casi como comer camote asado.
Galleta con chips de chocolate sabor café y nuez tostada —el amargor del café resalta el dulzor del chocolate.
Crumble crocante con harina de almendra —topping para hornear encima de una torta u otro postre.
Galletas con salsa de caramelo salado casera y avellana y pecana crocantes —vistosas, y menos dulces de lo que parecen.
Helado intenso de chocolate, con cacao en polvo y chocolate de cobertura bitter derretido —hecho con máquina para helados.
Un solo ingrediente —crema para batir— se convierte en mantequilla fresca y buttermilk (el líquido que sobra) con solo procesarlo de más.
Queque tipo pound cake, húmedo gracias al caramelo salado en la masa, bañado en más caramelo con avellana y pecana tostadas.
Scone de mantequilla con un centro de mermelada de frambuesa, rodeado de crumble crocante —vistoso, con poco margen para el error.
Tarta clásica de masa sucrée con crema de almendra horneada y cerezas frescas —sin crema por encima, buena para regalar.
Torta rústica sin cubrir del todo, con mermelada de frambuesa y crema de mantequilla merengue suiza —vistosa, buena para llevar de picnic.
Crema ácida y dulce a la vez, cocida a baño maría con ralladura y jugo de limón —el relleno clásico para untar en scones, pero también combina muy bien con waffles y panqueques.
Panqueques con concentrado casero de maracuyá y arándanos —cítrico y ácido, ricos incluso solo con mantequilla.
El waffle holandés de Gouda, delgado y crocante, con un relleno de caramelo de canela entre dos capas —distinto a cualquier otro waffle de esta guía.
La misma masa fermentada del waffle de Lieja, rellena con un puré dulce de camote morado —vistoso por dentro y con más fibra que un waffle simple.
Crumble de almendra y muscovado, hecho a mano —el topping crocante que corona las galletas estilo Nueva York.
Galleta de chocolate con avellana tostada entera encima —el crocante de la avellana contrasta con el centro húmedo.
Arándanos enteros cocidos con azúcar y jarabe de agave, menos dulce que una mermelada normal —es un componente para acompañar otra receta. Para comer sola, ver la mermelada de arándanos clásica.
Galleta italiana horneada dos veces, con café y cacao en la masa y almendra en láminas —crocante y con un mordisco bien seco.
Mantequilla cocida hasta dorar los sólidos lácteos, con aroma a nuez tostada —la técnica es lo importante, más que la receta en sí.
Financier con pasta de castaña en la masa y castaña confitada encima —un postre de otoño con un toque crocante al morder.
Helado de matcha, con base de crema inglesa —hecho con máquina para helados, ideal para acompañar waffles o panqueques.
Queque tipo pound cake con las motitas de una vaina de vainilla de verdad, bañado en un glaseado blanco —mejora cada día que pasa.
Scone crocante por fuera, húmedo por dentro gracias a una compota de manzana mezclada en la masa, con un aroma suave a canela.
Tarta de masa sucrée con relleno horneado de chocolate y queso crema, cubierta de crema de queso batida y chocolate rallado.
Torta tipo bundt, con plátano y pecana en la masa y un toque de canela, bañada en frosting de queso crema —proceso sencillo.
Crepe relleno con crema chantilly de yogur y compota de arándanos —ácido y fresco, doblado en cuadrado.
Pan de waffle en vez de pan de molde, relleno de jamón, tomate, queso y hojas verdes —un club sandwich con más textura que el clásico.
La masa fermentada del waffle de Lieja, con el aroma cítrico de la cáscara de limón confitada y el mordisco dulce de las pasas sultanas —rico incluso sin sirope.
Galleta de chocolate con malvavisco, nuez tostada y sal en escamas encima —dulce, salado y con textura distinta en cada bocado.
Cheesecake horneado, con matcha y chocolate blanco en la masa, sobre una base de galleta integral, y crema de mascarpone encima.
Fresa entera cocida a fuego lento con azúcar hasta espesar —ácida y dulce a la vez, buena con casi cualquier postre.
Ganache de chocolate blanco y pasta de pistacho, con sabor natural a pistacho —sin colorante ni esencia artificial.
La madeleine francesa más básica, con ralladura y jugo de limón en la masa y un glaseado de limón al final —sencilla y vistosa a la vez.
Pay de manzana clásico, con masa quebrada 100% mantequilla y cubierta en enrejado —relleno especiado, base y tapa bien crocantes.
Galleta de mantequilla con té earl grey infusionado en la masa, rebozada en azúcar antes de hornear —crocante y sencilla de hacer.
Scone crocante como galleta por fuera, denso por dentro, con el amargor del matcha contra el dulzor de los chips de chocolate.
El crepe dulce más básico —masa fina, crema batida y fresa fresca, doblado en sobre. La base para probar cualquier sirope o salsa de chocolate que tengas a mano.
Dos sándwiches de pan de molde —uno salado con jamón y queso, otro dulce con mermelada—, remojados en huevo y prensados en la waflera hasta quedar con el sello clásico de rejilla.
Masa de waffle de Lieja con fresa en polvo y azúcar perlada —ácido y dulce a la vez, con el color rosado de la fresa por dentro.
Galleta de chocolate con malvavisco escondido en el centro y galleta Oreo encima —el malvavisco sale derretido al cortarla.
El cheesecake vasco quemado por fuera, cremoso por dentro, con un chorrito de whisky que le suma profundidad al sabor.
Crema batida con queso mascarpone y leche condensada —firme pero no demasiado dulce, para rellenar y cubrir una torta.
Mermelada de frambuesa espesada con pectina, rápida de hacer —es un componente para rellenar otra receta. Para comer sola, ver la mermelada de frambuesa clásica.
Galleta grande con centro de queso crema y mermelada de frambuesa —el sabor de un cheesecake, en formato galleta.
Madeleine con pistacho molido en la masa y un centro relleno de ganache de pistacho —vistosa, para regalar a alguien especial.
Pay de pecana con relleno de jarabe de maple, sin maicena —queda brilloso, con un dulzor menos empalagoso que el pecan pie clásico.
Queque tipo pound cake, con harina de almendra en la masa —más húmedo y de aroma más profundo que un queque normal.
Salsa de chocolate hecha con chocolate de cobertura de verdad, sin conservantes —dura menos que una versión comercial, pero el sabor es mucho más concentrado.
Scone clásico con pecana caramelizada en sirope de maple mezclada en la masa —no necesita mermelada ni crema para acompañarlo.
La masa genovesa clásica de un rollo de torta, horneada en waflera rectangular en vez de en el horno, rellena de crema batida y fruta fresca.
La masa fermentada del waffle de Lieja, rellena con un trozo de chocolate que queda derretido y fluido por dentro al morderlo.
Galleta de chocolate intenso con macadamia tostada entera —el crocante suave de la macadamia contrasta con el centro húmedo.
Cheesecake frío, sin hornear, con mango en la masa y en gelatina encima —fresco y liviano, bueno para un día caluroso.
Merengue suizo (clara y azúcar calentados a baño maría) batido con mantequilla —sedosa, no tan dulce como una buttercream normal.
Galleta clásica de chocolate con dos tipos de chocolate de cobertura y pecana tostada —dulzor moderado, no empalagosa.
Muffin con arándanos enteros repartidos por toda la masa, más húmedo gracias a la crema agria —con ralladura de limón de fondo.
Pay de zapallo macre especiado, cubierto de crema de queso batida —masa de mantequilla, relleno horneado suave y crema fresca arriba.
Mermelada de piña en cubos, reducida hasta casi secarse y muy poco dulce a propósito —es un componente para rellenar otra receta, no una mermelada para comer sola. Para eso, ver la mermelada de piña clásica.
Caramelo casero con solo tres ingredientes —el color del sirope es la única señal que necesitas para saber cuándo está listo.
Scone de chocolate y chips de chocolate, bañado en un glaseado de café espeso —húmedo y denso, distinto a un scone normal.
Crepe enrollado con un plátano entero adentro, envuelto en crema batida, y bañado en chocolate derretido —fácil de comer con la mano, por la forma alargada.
Waffle de Lieja con parte de harina integral y nuez picada mezclada en la masa —más fibra que la versión básica, sin perder el mordisco masticable.
Dos scones básicos con la misma técnica —uno sin nada más, otro con pasas hidratadas al vapor y maceradas en ron.
Frambuesa cocida a fuego lento con azúcar hasta espesar, en tanda grande —para tener frascos listos y usar en varias recetas.
Galleta de chocolate con tono rojizo y chips de chocolate blanco —la versión “red velvet” de esta sección.
Almíbar rápido con jugo de cereza en conserva, limón y kirsch —para humedecer un bizcocho antes de armar una torta en capas.
Cheesecake horneado con jugo de limón en la masa, cubierto de crema de limón y lemon curd —ácido y suave, refrescante en un día caluroso.
Una versión chica de lemon curd, cocida directo en olla —pensada para usar como base de una crema de limón y de topping.
Muffin con Oreo en la masa, mermelada de fresa y un relleno de queso crema con chocolate —bastante cargado de sabor.
Masa de waffle de Lieja con leche de coco y coco rallado adentro, pintada con mantequilla derretida y cubierta de más coco rallado recién horneada.
Mermelada de fresa con pétalos de rosa macerados en azúcar —el aroma floral queda de fondo, sin tapar el sabor de la fresa.
Scone plano relleno de mantequilla fría en bloque y pasta de azuki —un clásico de panadería que combina lo salado de la mantequilla con lo dulce de la pasta de frijol.
Vaina de vainilla macerada en vodka durante meses —mucho más económico que comprar extracto ya hecho, si compras la vaina al por mayor.
Galleta clara, sin chocolate, cargada de macadamia tostada —sabor suave y con más protagonismo del fruto seco que el resto de la sección.
Cheesecake horneado con compota de manzana y crumble de maní encima —crocante por arriba, cremoso por dentro.
Crema batida con lemon curd integrado —ácida y suave a la vez, firme como para decorar con manga.
Muffin de chocolate intenso, con chocolate de cobertura de verdad y chips de chocolate —dulzor moderado, no empalaga aunque comas varios.
Waffle de Lieja con higo seco hidratado y picado mezclado en la masa —dulce por sí solo, sin necesitar sirope ni topping.
Jugo de fresa macerada, reducido y colado hasta quedar líquido y concentrado —para diluir con leche o agua con gas, o para bañar un panqueque.
Plátano bien maduro, aplastado y cocido con crema y chocolate con leche —una mermelada que no necesita nada de pectina, porque el propio plátano ya espesa solo.
Galleta tostada y de sabor suave, con ajonjolí negro molido en la masa y maní picado —para paladares que prefieren algo menos dulce.
Crema batida con puré de zapallo macre y leche condensada —firme, dulce y con el color y sabor típico del zapallo horneado.
Torta de chocolate densa y húmeda, con merengue en la masa —se hornea corta y se termina de cuajar fría en el refrigerador.
Queso crema mezclado en la masa y otro tanto escondido adentro de cada porción —una masa bien húmeda, con centro cremoso al morder.
El jugo de granada exprimido y reducido con azúcar —una granadina casera, sin colorantes ni jarabe de maíz, para diluir o para cócteles.
Galleta verde con matcha en la masa y chips de chocolate blanco —el amargor del té contrasta con el dulzor del chocolate.
Lemon curd espesado con gelatina y emulsionado con mantequilla — queda firme y sedoso, ideal para rellenar una tartaleta.
Torta de bizcocho genovés en 3 capas, con almíbar de limón, crema de queso batida y lemon curd entre cada capa —ácida y ligera, ideal para un día caluroso.
Masa verde con matcha, rellena de pasta de azuki y nuez picada —el contraste clásico japonés de té verde amargo y frijol dulce, en formato waffle de Lieja.
Láminas de membrillo cubiertas en miel y dejadas reposar 1-2 meses —la fruta suelta su jugo de a poco, hasta que la miel misma se vuelve un sirope.
Jengibre licuado y reducido con azúcar y miel —picante, para diluir en agua caliente o mezclar con otra mermelada más dulce.
Galleta con base de canela, nuez tostada y pasas —sin chocolate, para quienes prefieren un sabor más especiado que dulce.
Ganache montada de chocolate blanco y pasta de pistacho —se prepara el día anterior y se bate en frío antes de usar.
Bizcocho esponjoso con puré de zapallo macre integrado, en 3 capas con crema de zapallo entre medio —dulce, húmedo y con textura algo chiclosa.
Masa de waffle de Lieja con leche de soya y harina de cañihua tostada —un desayuno más contundente que la versión básica, con un grano 100% andino.
Uva machacada y reducida, colada hasta quedar líquida y concentrada —para diluir con agua o agua con gas, o para bañar un postre.
Tomate y manzana licuados y reducidos con limón —el sabor fresco de un tomate maduro, en formato mermelada.
Galleta cargada de maní, con mantequilla de maní y sal encima —el equilibrio clásico entre dulce y salado.
Crema cruda de mantequilla, pistacho y almendra —se hornea dentro de una base de tarta, no se come cruda.
Torta de coco de una sola capa, con mermelada de piña adentro y crumble de almendra crocante encima —muchos pasos pero cada uno es simple.
Malvavisco escondido adentro de la masa, bañado en chocolate derretido una vez horneado —una versión que termina pareciendo un choco pie.
Zanahoria y manzana licuadas y reducidas con limón —un naranja intenso y un sabor suave, bueno para pan o para un queque.
Galleta con zapallo en polvo en la masa, cubierta de pepitas de zapallo y semillas de girasol —sabor profundo, sin chocolate.
Bizcocho genovés de chocolate, batido con yemas y claras por separado —base para armar una torta de crema en capas.
Relleno cremoso de chocolate y queso crema, con cacao en la masa — se hornea dentro de una base de tarta, no se come crudo.
Frijol rojo, arveja y azuki, cada uno cocido y endulzado por separado, mezclados en la masa —tan dulce que se come solo, sin sirope ni crema.
Zapallo cocido y reducido con mantequilla, leche y canela —suave y cremosa, buena para untar o de base en un pie de zapallo.
Bolitas de queso crema congeladas, para meter dentro de una galleta cruda antes de hornear —el centro cremoso de las galletas estilo Nueva York.
Galleta cargada de chocolate estilo bakery (tipo Levain), con sal en escamas encima —el dulce amargo del chocolate resaltado por la sal.
Genovesa de chocolate en 3 capas con cereza, crema de mascarpone y chocolate rallado por fuera —la clásica torta “Black Forest”.
Masa con harina de maíz, cubierta de grits de maíz gruesos antes de hornear —doble textura y doble sabor a maíz.
Igual que un lemon curd, pero con jugo de toronja rosada —más amargo que el de limón, un sabor más de adulto.
Plátano reducido con limón y un toque de brandy —dulce y suave, de las mermeladas más fáciles de esta sección.
Galleta de tono rojizo con un centro de queso crema escondido adentro —la versión rellena del red velvet de esta sección.
Choclo y queso mozzarella rallado mezclados en la masa —el dulzor del maíz contra lo salado y elástico del queso derretido.
Plátano cocido en un caramelo casero, con ron y canela —para comer sola sobre helado, no solo como mermelada de pan.
Galleta de chocolate y café con un centro de queso crema con espresso —el sabor de un tiramisú, en formato galleta.
El hotteok, el famoso panqueque relleno callejero de Corea, hecho en formato waffle de Lieja —masa masticable con un relleno de azúcar rubia, canela y frutos secos.
Caqui licuado y reducido con azúcar y limón —dulce y suave, con un sabor que recuerda a otoño.
Galleta de chocolate con un centro de compota de frambuesa —ácida y dulce a la vez, con la fruta como protagonista.
Masa oscura hecha con harina de arroz negro y azúcar perlada —dulce pero liviana, sin harina de trigo en la mezcla.
Gajos de caqui cocidos en almíbar con un toque de ron —conserva la forma de la fruta, buena con café o té.
Galleta con tres chocolates distintos y un centro de queso crema escondido —la más completa de la sección.
Cereza congelada, licuada y reducida con limón —de color intenso, hecha con fruta congelada en vez de fresca.
Galleta con sabor a torta de zanahoria, con canela, nuez, pasas y un centro de queso crema escondido adentro.
Ciruela con cáscara, reducida con azúcar y limón —de color intenso y sabor ácido-dulce, una de las mermeladas más fáciles de hacer.
Galleta de chocolate cargada de trozos, cubierta de crumble crocante —el contraste entre lo crocante y lo húmedo del centro.
Ciruela pelada y cocida entera en almíbar —conserva su forma redondeada, más suave que la mermelada.
Galleta verde con huacatay en polvo y maní, cubierta de crumble crocante —herbal y tostada, sin nada de chocolate.
La variedad de ciruela más densa y menos jugosa, reducida con azúcar y limón —un sabor más concentrado que la mermelada clásica.
Galleta con camote morado asado encima y un centro de queso crema escondido adentro —dulce y suave, sin nada de chocolate.
Leche de coco reducida a la mitad con azúcar rubia —solo dos ingredientes, para untar en pan o mezclar en un batido.
Galleta con harina integral, textura más rústica, un centro de queso crema y nuez tostada encima.
Durazno pelado y cocido en gajos, en almíbar suave —queda tierno pero entero, bueno con yogur o solo.
Galleta oscura y tostada con quinua negra molida, maní y un centro de queso crema escondido adentro.
La técnica base para una mermelada de fresa: el jugo se reduce aparte y se vuelve a unir con la pulpa —así queda de un rojo intenso, sin deshacerse del todo.
Galleta clara con un centro doble de queso crema y compota de frambuesa —ácida y dulce a la vez.
La mermelada de fresa clásica con un toque picante de pimienta negra recién molida al final —contraste que resalta el dulzor de la fruta.
Galleta con zapallo en polvo en la masa y un centro de queso crema escondido adentro —dulce y suave, sin nada de chocolate.
La mermelada de fresa clásica con hojas de menta picadas al final —un toque fresco que corta el dulzor.
Galleta con chocolate blanco, con leche y oscuro juntos, y un centro de queso crema escondido adentro.
Fresa y plátano en rodajas, cocidos juntos en el jugo de fresa reducido —dos frutas, una mermelada más suave y menos ácida.
Galleta aromática con té earl grey molido y avellana, con un centro de queso crema escondido adentro.
Higo picado con su cáscara roja, cocido con azúcar y limón —el color de la cáscara tiñe toda la mermelada de un rojo intenso.
Higo pelado y cocido entero en un almíbar de vino blanco y limón —conserva su forma característica, teñida del color de su propia cáscara.
Kiwi verde en cubos, cocido con azúcar y limón sin reducirlo del todo —conserva su color verde vivo y las semillas negras se notan en cada cucharada.
Kiwi amarillo, azúcar y limón, macerados y terminados en el microondas —una mermelada chica, lista en menos de 20 minutos, sin usar la olla.
Mango maduro reducido con azúcar y limón hasta espesar —el aroma tropical se mantiene intacto incluso después de cocinarlo.
La cáscara de la manzana se hierve aparte para sacarle el color rosado, y ese líquido es el que después cocina la pulpa —una mermelada rosada, sin colorante.
Manzana ácida macerada con azúcar y limón, cocida hasta espesar — simple, aromática y de las mermeladas más fáciles de acertar.
Gajos de manzana con vino blanco, limón y romero, listos en 4 minutos de microondas —sin ensuciar una olla.
Trozos de manzana cocidos en un caramelo con mantequilla y ron — buena sola, tibia sobre helado, o como relleno.
Maní tostado sin sal, molido hasta quedar cremoso, con un toque de miel —una mantequilla de maní casera, sin conservantes.
Nuez tostada y molida, cocida con leche, azúcar y miel hasta espesar —una mermelada cremosa, más parecida a un dulce de leche con nuez que a una mermelada de fruta.
Mantequilla batida con miel y ajonjolí negro molido —lista en dos pasos, sin cocinar nada.
Almendra, nuez y cashews tostados, macerados en miel unos días —bueno con queso, sobre un queque, o directo del frasco.
Melón cocido poco tiempo, con pectina en polvo para que espese —así conserva su aroma delicado, sin necesitar una cocción larga.
La cáscara, el corazón y las pepas se hierven aparte para sacar su pectina, y ese líquido es el que después cocina la pulpa —una mermelada de aroma floral, sin el sabor áspero de la fruta cruda.
La cáscara se blanquea y se pica fina, y se cocina junto con los gajos pelados a mano —una mermelada con el amargor justo de la cáscara, sin pasarse.
Capas de mermelada de naranja navel y ganache de chocolate, servidas en un frasco —dulce y amargor en cada cucharada.
Rodajas enteras de naranja, hervidas primero para bajar el amargor y después cocidas en su propio almíbar —conservan su forma redonda, buenas para decorar.
Papaya madura reducida con azúcar y limón hasta espesar —de sabor suave, buena sola o como base de una salsa para carnes.
Pera en láminas finas, cocida con pectina en polvo para que espese —la pera casi no tiene pectina propia, así que sin ayuda extra nunca llegaría a cuajar.
Pera cocida con azúcar y limón, machacada a mano hasta quedar espesa —sin pectina agregada, con la textura de la fruta bien presente.
Cuartos de pera cocidos enteros en vino tinto con canela y clavo —quedan teñidos de un rojo profundo, un postre clásico de otoño.
Cuartos de pera cocidos en un almíbar de vino blanco y vainilla — quedan claros y perfumados, más sutiles que la versión al vino tinto.
Piña licuada hasta quedar puré, cocida con azúcar y limón —una mermelada lisa y untable, para pan o galletas, distinta de la versión en cubos para relleno.
Uva negra en cuartos, cocida con su propia cáscara y sin agregar agua —el azúcar natural de una uva grande y dulce basta para que espese sola.
Uva Italia, la variedad peruana de aroma floral marcado, cocida con un poco de agua hasta espesar —una mermelada perfumada, menos dulce que la de uva negra.
Uva Borgoña machacada con su piel gruesa puesta a cocinar entera —de ahí sale casi todo el color y el sabor marcado de esta mermelada.
Arándanos cocidos con azúcar y limón hasta espesar —una mermelada para comer con cuchara, distinta de la versión menos dulce pensada como relleno.
Frambuesa congelada cocida directamente con azúcar y agua —sin pectina agregada, distinta de la versión rápida pensada como relleno.
Una mezcla de berries congeladas —arándano, frambuesa, mora, lo que tengas a mano— cocida directo con azúcar y agua, sin pectina.
Pasas remojadas en ron toda la noche, mezcladas con mantequilla batida —sin cocinar nada, lista en dos pasos.
Higo, manzana, ciruela y piña deshidratados, macerados en vino tinto y cocidos con pasas —sabor a pan dulce navideño, para untar en una tostada.
Ciruela, higo, manzana y cereza deshidratados, hidratados en té negro caliente y después cocidos despacio —quedan carnosos, buenos con queso.
Damasco deshidratado remojado en vino blanco y cocido con azúcar —una mermelada de sabor concentrado, lista en menos de 30 minutos.
Damasco seco hidratado y reducido a puré, batido con mantequilla —para untar en pan o galletas, con más cuerpo que una mermelada.
Cáscara y jugo de limón cocidos aparte y unidos con miel al final —una mermelada ácida con un fondo dulce distinto al del azúcar solo.
Mandarina pelada y licuada en puré grueso, cocida con azúcar y limón —ajusta el azúcar según qué tan dulce esté la fruta.
Gajos enteros de mandarina cocidos apenas en un almíbar suave — conservan su forma, buenos con la piel finita y todo.
Sandía cocida con pectina en polvo para que espese —es más del 90% agua, así que sin ayuda extra nunca llegaría a cuajar.
Gajos de toronja y naranja pelados a mano, apenas cocidos en un almíbar con canela, anís estrella y clavo —se sirve fría.
Frijol panamito hervido hasta ablandar y después confitado en azúcar hasta secarse —un snack dulce, no un postre líquido.